...Pero entonces sería menos yo y ya vale. Y esto último me lo dice el médico y quienes bien me quieren. Sin ánimo de molestar, sino de, quizás, aclararme yo mismo voy a ello.
La huelga de empleados del sector público -de funcionarios, para que no parezca que disimulo- ha sido un solemne fracaso. Me confieso causante proporcional del mismo. Servidor curró. Y genial además, el teléfono apenas si sonó en toda la mañana.
Y trabajé porque esta huelga me sonaba a justificación sindical. A paripé de los propios aparatos de las organizaciones sindicales, para que se me entienda. Porque uno se pregunta, ¿por qué la reacción de los sindicatos, los de clase y los de no, fue tan lenta? ¿Les falta capacidad de reacción o es un sí pero no? ¿Por qué no se convocó el mismo día, 12 de mayo, en que el Presidente Rodríguez Zapatero anunció el recorte más antisocial que nunca se haya visto en esta España nuestra? ¿Por qué no se convocó, por ejemplo, para el día en que el Congreso de los Diputados validaba tales medidas (27 de mayo)? ¿Se imaginan, por ejemplo, un sesión parlamentaria con luz, de momento, pero sin taquígrafos, sin estenotipistas propiamente dichos? ¿La huelga no es una medida de presión contra una pretensión, y más, como en esta ocasión, conocida con antelación suficiente, más que una medida de protesta cuyo resultado ya se sabe nulo de hecho y derecho? ¿Esta huelga, no ha sido un lujo sindical, una justificación de sí mismos a posteriori? ¿Cómo es si no, que se tarda tanto en su convocatoria con el número de liberados -y qué liberados algunos, verdaderos ejemplos en la mejora de las condiciones de trabajo, las suyas- con que cuentan en el conjunto de las administraciones? En mi opinión porque es un poder y no querer, un a que te muerdo ahora que me sacaste los dientes. No va más.
No defiendo los recortes, obviamente, ni me tengo por privilegiado por tener el trabajo que tengo. No, en el sentido en que no tengo el derecho al trabajo, el trabajo en sí, por tal, por privilegio. Sabido es el dicho que repito, medio en broma, medio en serio, de que "si el trabajo es un castigo divino -(Génesis 3:17)- ¿por que han de trabajar los agnósticos y ateos?, y sabido es también que pienso que algo pasa, que algo está mal, muy mal, cuando el derecho al trabajo quien lo administra no es la sociedad en sí, ni sus legítimos representantes, sino el capitalismo -eso que pensábamos que no existía ya- más puro, duro, y de vario nivel y localización; el mismo que combatió con armas y ejércitos el internacionalismo proletario (ver DRAE), el de la clase, con perdón, trabajadora y ahora nos vende su globalización (aquí sentir orgasmo de primer mundo y no mirar hacia el sur, se advierte que es perjudicial para la conciencia y el propio pensamiento).
Pero, objetivamente, mirándome, mirándonos como objetos sencillos en relación con la realidad, que duda cabe que sí somos unos privilegiados en el sentido de, por ejemplo, cómo los viernes cuando salimos del trabajo, no lo hacemos con la angustia de pensar si el lunes cuando lleguemos estarán las puertas abiertas, de si seguirán existiendo nuestros destinos en la cosa pública. Aunque después de esta experiencia, de este fracaso de los sindicatos en su tardía reacción a tan grave situación, a saber qué nos espera. Igual quedábamos para protestar contra el cierre unos días unas semanas más tarde, cuando ya el Parlamento haya aprobado la subasta de los inmuebles en que trabajábamos.
Pero para mí no es el fracaso de la huelga lo más grave. Lo más grave es el daño que se ha hecho con esta frivolidad al resto de la clase trabajadora y su posterior efecto rebote. Se ha iniciado un bucle de reacción, un tornillo sin fin, que a saber cuándo y dónde acaba su giro, su apretura. ¿Con qué cara, con qué fuerza se negociará ahora la reforma laboral o eufemismo al uso?
Quizá una autocrítica profunda por parte de los sindicatos, una mayor independencia del Estado y sus presupuestos, una mayor coherencia en sus y nuestros representantes en las administraciones -que no sean, como son en tantos casos los más beneficiados de su posición de representantes- forzasen un mayor calado de las organizaciones entre los trabajadores, los sintieran, los sintiéramos más nuestros.
Pero, claro, todo esto será que me estoy haciendo reaccionario, haciéndole el juego a la derecha -que como para mentarla anda, que parece beoda y quiere ser el extinto PT, que están que se salen-.
Así que, en fin, a mandar, servidor mientras no se le demuestre lo contrario no cree haber sido él quien ha virado su rumbo. Sigo donde estaba, ni más arriba, ni más abajo. Peor, solo peor. Creo, claro. Vaya, que puede ser todo un problema de fe.
¡Que dios nos coja confesos y, de ser posible, fartucos! Porque a ver lo que nos queda por tragar.

