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Cuentan las crónicas que todo se sabe por un testimonio grabado a Bartolomé Vicens, confesor de don Juan Carlos -supongamos por el bien de la catolicidad toda que este su saber fuese por confidente o amigo y no por confesor- del que se hizo eco El Semanal Digital, sobre un encargo muy especial: buscar en el pasado de Doña Letizia una vinculación con los monarcas de la época de la Reconquista. ¡Tira para adelante Jorge!, que vamos sobrados de presupuesto, que es público y notorio.
La cosa no deja de tener su aquel. Qué duda cabe que, si hubiera quien financiara los meses de trabajo de este buen señor, de cuyos rigor y rígor -mortis, pues investiga en muertos- no dudo, y una fábrica de papel le suministrara de gratis total la ingente cantidad precisa para seguir de tomo en tomo hasta llegar al origen común de todos nosotros y descubrirnos para general contento el árbol del que nuestro más lejano ancestro decidió descender, el claro de bosque donde audaz ensayara por vez primera la verticalidad, que de ahí vendrán sin duda todas nuestras esperanzas y temores, eso sí que sería un paso adelante y no este nuevo hablar —a la noticia me refiero— de sangres azules —la vida quiera no necesite una transfusión— y de plebeyos —ciudadanos, señores, ciudadanos; que al menos así se refiere 21 veces la Constitución al, 4 veces citado, pueblo español—.
Y conste que no digo que todo esto me suena a martingala alcanforada, a broma gagá, porque venga la carbayona (2) de Fernando II de León —que seguro para algunos carbayones peor sería que fuese de Gijón— sino porque, si tal como está el patio del común, a otras muchas cosas menores se las tilda de cortinas de humo, esta dinástica investigación más parece en el mejor de los casos cortinón o dosel —elegir al gusto— por no decir valladar, muro de contención o simple mareo de perdiz.
Además, y a mi qué, si yo sigo soñando que con lo que nos costó estudiar al Príncipe heredero en la jesuítica y católica Universidad de Georgetown (República de los Estados Unidos de América) nos dará una sorpresa pública el día que tenga que decidir si hacerse cargo de la patria. La patria, eso que dice hoy tan bien Francisco Ayala en El País, que es valor accidental: no es esencia, es circunstancia. Pero eso del sueño ya es otra historia.
En fin, ¿quién dijo: crisis? ¿Qué crisis? Si aquí a poco que tires del hilo casi todos por herencia son nobles de la titular -uno de cada dos dice el genealogista-. Más difícil parece ser ascender a la nobleza en su sentido honroso y estimable del término.
¿Estaremos regresando dada la crisis del capitalismo al Antiguo Régimen de nobles y hacendados? No creo. Lo de los hacendados ya es otra cosa, así como más de a diario. Ya ven, ya saben: ¡A resistir plebeyos!, que cada vez son menos. Servidor tiempo ha ya que se ha borrado de la plebe, pero no por mor de noblezas rebuscadas, sino por exigencia de ciudadanía.
(1) La titulación completa era Rex Legionensis et Gallecie o Rex Legionensis et Galleciae. Regis Legionis (Rey de León), Rex Hispaniae (Rey de España), Rex Hispanorum (Rey de los españoles) o Rex Hispaniarum (Rey de León y Galicia). También usó los títulos de (Rey de las Españas). Vamos un Rey, Rey.
(2) Carbayón/ona: gentilicio no oficial de los naturales y habitantes de Oviedo.
