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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Agosto: de fiesta en fiesta que dios te crió
Durante más de veinte años, este menda lerenda tuvo...,
10/08/2011
CON VENTANAS A LA CALLE
...tuve que empaparme de las fiestas, patronos, patronas en los pueblos de las comarcas de Astorga y La Bañeza para confeccionar las correspondientes páginas especiales que daban realce a dichas celebraciones y a La Crónica de León, periódico en el que trabajaba como redactor y corresponsal de las susodichas comarcas, se embolsara los dineros que recaudaba como publicidad de ayuntamientos, juntas vecinales, comercio
e industrias en general.

No señor, no añoro aquellos agostos ahora, después de cuatro años en el dique seco de la jubilación. Algunas fiestas se adelantaban a julio o se retrasaban a septiembre. Pero el  mes en cuestión de trabajo añadido, sin remunerar de forma especial, era el de agosto. Jo, que mes. Agosto: de fiesta en fiesta que dios te crió.

Como todo acto periodístico, aquellos especiales me reconfortaban muchas veces, porque llegué a conocer, pueblo a pueblo, un sin fin de tradiciones, y montón de ilusiones, un puñado de aspiraciones con visos de ejecución, una riada de alegrías…, cada vez que en el teclado sonaban las campanas de fiestas patronales, aunque fuera de forma virtual.

No señor, no añoro aquellos agostos de siegas y carreras buscando entrevistas, programas, músicas y danzantes. Aquellos agostos trillados de pocas noticias, pero en los que había que llenar las páginas de las comarcas de Astorga y La Bañeza, en mi caso, y después apurar la noche o la madrugada para completar el trabajo de los especiales que, muchas veces con el tiempo impreciso, me pasaba el departamento de publicidad, con el número de páginas que me habían tocado, en función de los módulos comerciales conseguidos.

Por eso, hoy, después de cuatro años de dejar el periodismo activo, permitidme queridos lectores abrir la ventana de mis añoranzas y de mi casa, para que entre a tope, sin redes bajo el trapecio, las gozadas de las fiestas de mi pueblo, La Bañeza. Hoy, vestido de paisano, sin grabadora ni cámara fotográfica, quizá sólo dando la mano a una o varias de mis nietas, tratando de explicarles a su manera (y qué maneras) cada uno de los festejos a los que nos acerquemos, intentaré pasarlo lo mejor posible.

Fiesta de La Bañeza en honor de Nuestra Señora de la Asunción y el añadido en los últimos treinta años San Roque. Una fiesta que este año pregonará un gran bañezano, un chaval que lleva el nombre de su pueblo por los escenarios de España y el extranjero con su prodigiosa voz de tenor, Javier Alonso. Un chico que sigue demostrando que La Bañeza ha sido y seguirá siendo tierra de músicos, tierra de artistas, tierra de poetas, tierra de…

A lo largo de mi vida activa tuve la constante de escribir de la fiesta como algo necesario, como una inversión más, de cara al beneficio inmediato de quienes las disfrutaban (aunque después hay otros beneficiarios colaterales que no vienen al caso). Nunca quise criticar lo bueno o lo malo de algunos o todos los festejos, porque a poco que divirtiera a media docena de personas, la inversión había sido amortizada.

Por eso, desde esta columna, hoy voy a invitar a mis lectores a venir a mi pueblo, La Bañeza, a divertirse. Invitación a escote, oiga, que a escote nada es caro, que conste. El programa de nueve días creo que no tiene desperdicio. Desde la feria de alfarería a las pruebas del LII Gran Premio de Velocidad de motociclismo cabe todo. Teatro, deportes, juegos para los más pequeños, verbenas, circo, ciclismo, mercado medieval, conciertos, certamen de poesía, exposiciones, zarzuela, feria del motor, concurso de pintura, desfile de carrozas, fuegos artificiales…

Lo dicho, de fiesta en fiesta que dios te crió. Y, además, con la representación femenina de la coronación de la reina y de la princesa y su damas de honor, poco antes de que Javi Alonso pronuncie su pregón sonoro, como los pájaros que cada mañana despiertan desde las huertas interiores a las que da mi habitación.

Sí señor, no añoro aquellos agostos de especiales periodísticos montoneros sobre mi mesa de trabajo. Hoy quiero amortizar la inversión del Consistorio de mi pueblo, recortada por la crisis y completada con la imaginación que los munícipes y los técnicos hayan podido espolvorear, como paisano de a pie. Aunque, como digo más arriba, con tal de que le guste a media docena de personas, a media docena de nietas, se da todo por amortizado.

O eso creo yo.

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