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Y al final, el loro va a reventar de tanto chocolate. Nadie cree que suprimir tres o cuatro ministerios, con sus correspondientes ministros, directores generales, subsecretarios, coches oficiales, comidas, desayunos, cenas y tal (sobre todo tal) no es nada más que el chocolate del loro en ahorro como Dios manda. Pero suprimidos, no intercambiados todo el personal referido anteriormente, como hicieron con los ministerios de Igualdad y de la Vivienda. Cosas del tío Zapa (no puedo completar el nombre, porque la mente me lleva a zapatero a tus zapatos, o sea, picapedrero, para que sepa lo que es trabajar hasta los 67 tacos).
Es chocolate del loro hacer lo propio con las 17 comunidades autónomas. Pobre loro, reventado y estreñido. Y no te digo nada si en alguna de esas comunidades autónomas crearon, con los dispendios propios de sus ineficacias, una especie de embajadas en diversos países del mundanal ruido. Apenas chocolate para el loro.
Pero vayamos más cerca del ciudadano de pie. ¿Qué pintan las diputaciones provinciales con sus dispendios, con la sola mirada en las próximas elecciones, nada más que se abren las urnas de los comicios? Una administración local que, con su filosofía actual, sólo se mantiene en pie para pagar unos buenos emolumentos a sus diputados, en el gobierno y en la oposición, la mayor parte de los cuales apenas sabe hacer el cero con un canuto. Más chocolate para el loro, pobrecito mío.
Ojo al dato con los ayuntamientos. Cuidadín, cuidadín. No quiero apuntar a ningún consistorio, Dios me libre. Pero sólo hay que mirar la cantidad de chorradas (otras no, oiga) que se sacaron de la manga para proyectar un gasto exorbitado de dinero dimanante del Plan E zapateril. Una de las mariconadas inventadas por el flete de la Moncloa, para poner el déficit público a tope y que ahora vamos a pagar el congelo de pensiones de los jubilados y el sueldo de los funcionarios.
Sí señor, pensionistas y funcionarios. Dos castas privilegiadas a las que hay que sacudir fuerte para desalojarlos de su pedestal. Aquí no hay chocolate del loro ni Dios que lo fundó. Los exagerados sueldos de unos y emolumentos pensionados de otros son la rehostia en comparación con los de los ejecutivos bancarios, controladores, cargos públicos a dedo y sin oposición, ministros y toda su jarca adyacente, diputados, senadores, consejeros, más diputados, concejales, alcaldes… Pobres suelditos para condimentar chocolate para el loro.
Porque veréis, mis queridos, sufridos y nunca bien ponderados lectores, hasta la llegada de las primeras elecciones municipales, allá por abril de 1979, los alcaldes y concejales de pueblos y ciudades medianas y pequeñas, no cobraban un duro por sus ‘servicios’ a la comunidad. ¡Ole mis condriosomas!
Pero una vez afianzados en sus puestos, tras las primeras votaciones locales (todavía no había comunidades autónomas), a alguien, con muy buen criterio, se le ocurrió que era necesario dar unos emolumentos a estos cargos de media polaina, por aquello de que así no se les ocurría meter la mano en el cajón del pan. Apenas una especie de chocolate del loro, en comparación a lo que se tenía que invertir para modernizar aquellos pueblos que salíamos de una dictadura corrupta.
Si señor, muy bien pensado. Aunque lo cierto fue que el cajón del pan se llenó de manos y fue saqueado por unos y por otros, con la anuencia de los mandamases del los respectivos partidos. Hasta que el pueblo y los jueces comenzaron a decir BASTA. Era ya demasiado chocolate para el loro.
Yo creo que se tenían que involucrar los ecologistas, porque el loro, al final, va a reventar. Sobre todo, teniendo en cuenta que sólo está acostumbrado a la pizca de cacao manipulado que le daba el indiano ricachón, cuando invitaba a merendar chocolate a las fuerzas vivas, a los poderes fácticos, mediáticas, militares y religiosas de la localidad. O sea, lo que hoy somos funcionarios y pensionistas glotones. ¿Me explico…?
