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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Clamé al cielo y no me oyó
- Me acuso, padre…
26/04/2008
CON VENTANAS A LA CALLE
... Mi padre espiritual es alto y flaco de régimen de adelgazamiento. Esa es la imagen que yo tengo de él a lo lejos, sin muchas alharacas ni pamplinas religiosas. Porque en el confesionario solo es una voz que gatea las erres en ardiente oscuridad. Y cuya identidad solo se sabe por el letrerín del frontal del armatoste de madera: 'Padre espiritual'.

- Me acuso, padre, de leer todos los días a Fulgencio Fernández (Ful, para los más íntimos) y los viernes, más.

- Vade retro, Satanás y Dios sea loado en tu arrepentimiento (farfulla el espiritual).

- Que te crees tú eso (mascullo yo, silente)

Fulgencio Fernández ha sido compañero (y es amigo) en las tareas periodísticas de La Crónica de León durante más de 20 años. El pater Ful es de esos todoterrenos que aún quedan en algunas redacciones, que lo mismo te hace una poesía en prosa, que te escribe de cultura (es redactor jefe de esta sección), de todos los deportes, de cualquier deporte y en especial de lucha leonesa o de cualquier cosa. A la vez que sus apetitosas opiniones son la maestría impresa del buen hacer periodístico, como habrá pocos en este mundo (y el que crea que exagero, que lo demuestre). Son famosos sus personajes Sidoro, Juanita, Cuatropadres… y todos los que componen la asociación de Escritores de lo Rural sin Obra Publicada (muy amigos de los bares de luches con señoritas que fuman) y su referente femenino en bata guateada.

Sin embargo, la pasada semana, en un alarde de poner precio a su afición, su hinchada por la Cultural Leonesa, sacó a relucir (a mí ya me la había contado hace años) la anécdota del ti Benito y su imprecación a Dios, cuando el humo de la chimenea se le volvía en la cocina, mientras intentaba empañolar a su nieto recién nacido: "Oye, cabrón, si tienes algo contra mí, bajas y lo dirimimos, pero con la familia ándate con mucho cuidado" (blasfemo impenitente). Oye, y le salió bien, que se quitó el humo al instante.

Al suco, que me esnorto (esto es de Ful). Lo cierto es que  hizo sus previsiones en el partido de la eterna rivalidad entre la Cultural y la Ponferradina (dirimido el pasado fin de semana), con clamor al cielo incluido. La resolución sacada, un 5-1, favorable a los de casa (la Cultural Leonesa). Augurando, además, que el gol berciano sería de un tal Fran (en su casa lo conocerán y le darán pienso, yo no).

Pero mi querido y nunca bien ponderado amigo Ful se confundió de medio a medio. O la imprecación a las alturas quedó en agua de borrajas. Y conste que yo de bercianista tengo lo que el alcalde de Valladolid de leonesista upelero (aunque su apellido le haga una pedorreta). El resultado final fue un 0-1, favorable, por ende, a la Ponferradina, con gol de De Paula (tampoco lo conozco, joder).

Falló el arreglo con Dios bendito, querido Ful. Y eso que sé de buena tinta que tanto Javi Calvo, como Carlos el de Radio Marca y los compañeros Jorge, César y Nacho de La Crónica rezaron padrenuestros laicos para que la Cultural marcara. No me preguntes más, porque aquel fin de semana, con el lunes correspondiente, estuve en Madrid y El Marca solo pone los resultados de provincias (tu crónica previa del clamar a Dios la leí por Internet).

Mira a ver si te corriges en esto del fútbol, que ya eres mayorín, Ful amigo. A no ser que aquellos cinco goles que preveías, fueran los cinco lobitos que, hasta hace bien poco, cantabas a tus niños (cientos de besos y a Pepa también) y se te colaran en el suco esnortado de tu crónica de Leonoticias.com. Por eso, solo me queda recurrir a los versos de Don Juan Tenorio, aquel burlador de Sevilla que escribió Don José Zorrilla: "Clamé al cielo y no me oyó / y pues sus puertas me cierra, / de mis pasos en la tierra / responda el cielo y no yo".

- Permítame, padre espiritual, acusarme de mi pecado por leer a Ful, pero no espere usted un acto de contrición ni un propósito de la enmienda, por muchos credos que usted me ponga de penitencia (sentencio en mi descargo).

- Otro pecador que se me mete laico (plañe mi padre espiritual desolado).

Un abrazo muy fuerte, querido Fulgencio y perdona mi atrevimiento a espadear con los floretes propios de tu armería. Y sino, mejor acabar como muchas de tus antiguas columnas de los viernes en La Crónica: Ya lo decía Fidelín el tubero, "no hay cojones, yo que tú, los desterraba". Amén. 

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