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OPINIÓN POR POLO FUERTES
De la prueba del 9-M al 'Pacto de la Mantecada'
Y sin embargo, los votantes, los dueños y señores del voto, que pone y quita poltronas y capellanías, están más preocupados del paro y de llegar a fin de mes que de quién o quiénes ganaron las elecciones...
09/03/2008
CON VENTANAS A LA CALLE
... No voy a opinar sobre los resultados de los recientes comicios generales. ¿De acuerdo, mi querido confesor espiritual en lo político? Por una vez y, sin que sirva de precedente, me alío con mi ángel de la guarda protector y no hablaré de elecciones. Unos las perdieron y otros las ganaron. Yo respeto a ambos. Aunque no lo acepten ninguno de los dos. Volveremos a ver escolingado sobre el alambre a don José Luís Rodríguez Zapatero como ha sido una constante en su vida política, porque no son suficientes los escaños conseguidos. Mientras don Mariano Rajoy y sus muchachos se escoñarán en sus escaños contra el de León. Y, sino, al tiempo. Aunque los barómetros sigan diciendo lo del paro y la economía.

El total supera los 21 millones de votantes. El reparto ha caído más en la balanza socialista que en la del PP. Por ello, lo bueno sería que el que mandara, osease, Zapatero, tuviera que tener en cuenta los 10 millones que apoyaron a Rajoy y no convertir la legislatura en un querer (y no poder) arrinconar ese volumen considerable de voluntades derechistas, como el escombro que sobra de una magna construcción faraónica. Pero ya veremos que todo va a seguir igual, como en los cuatro años pasados. El PSOE pasteleando con minorías nacionalistas y el PP dando caña a siniestro (que no a diestro, obviamente), hasta que el mono caiga al suelo. Que no va a caer.

Y vale ya, tío (en este caso, el tío es mi ángel de la guarda protector de habladurías), que te dije que no iba a escribir de elecciones. Esto ha sido solo el prólogo, el introito a mi soliloquio.

Conocí a José Luís Rodríguez Zapatero una tarde de 1980, cuando un ¿amigo común? y compañero del ínclito salió de una reunión, en el hotel Gaudí de Astorga, a evacuar aguas menores, mientras yo degustaba una cerveza en la barra de la cafetería. "Hombre, ¿qué haces por aquí?", pregunté en mi inocencia. Estamos reunidos con un compañero y joven diputado nacional por León, para asuntos del partido. Después salió otro conocido mío y también socialista leonés, y otro, y otro… Todos a aligerar la vejiga.

Aquello era harina de otro costal. Precisamente aquel día, por fuentes que no vienen al caso, sabía de otra reunión socialista en  el Bierzo. "Joder, qué casualidad, si todos estos estuvieron tratando de dar la Secretaría Provincial del PSOE a Pedro Vizcay (un diputado provincial y alcalde de un municipio a orillas del Esla) esta mañana en Ponferrada, ¿qué coño hacen ahora algunos en Astorga?", me pregunté una vez más en mi casta inocencia, aunque camino de conclusiones más firmes. A partir de aquí, llamé al director del periódico La Crónica de León, del que era corresponsal y, en poco más de media hora, llegaba con un fotógrafo al mencionado hotel Gaudí de Astorga, para descubrir lo que luego apodamos el 'Pacto de la Mantecada'.

La historia había sido, que el joven camarada y diputado nacional por León, José Luís Rodríguez Zapatero había convocado a los responsables de las más relevantes agrupaciones del PSOE de la provincia, para 'pactar' con ellos su ascenso a la Secretaría Provincial socialista de León, dejando sin efecto lo acordado en Ponferrada unas horas antes.

Y salió adelante aquella 'Mantecada pacta'. Después, muchos (todos) de aquellos firmantes del pacto se vieron traicionados por Zapatero, a los que el secretario provincial iba dejando tirados en la cuneta o encerrados en armarios como zombis de la política, mientras él persistía en su posición de salida en la candidatura del PSOE de León, en cada uno de los comicios generales que se iban desarrollando.

Elecciones que nunca llegó a ganar al PP en su provincia. Ni, al parecer, ahora en Madrid, por donde se presenta como cabeza de lista. Es chocante, aquella frase, que el entonces presidente de la Comunidad de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, preguntó en el 2001 sobre su compañero: "¿Cómo va a ganar una vuelta a España cuando no ha ganado una carrera en su pueblo?", cuando Zapatero hacía campaña a la Secretaría General Federal, sigue siendo válida.

León ha vuelto a recuperar el voto socialista porque muchos de aquellos 'muertos' dejados en las cunetas y en los armarios políticos por Rodríguez Zapatero han vuelto a votar a su vieja ideología, sino no han cambiado de partido o creado otro nuevo. Y aquella última victoria socialista en la provincia de 1986, cuando por primera vez llega Zapatero al Congreso de los Diputados como segundón de la candidatura, se recuperó en el 2004 y ahora el 9 de marzo, porque la lista la encabezan un magistrado y una luchadora, currantes declarados en sus respectivos destinos. La verdadera prueba del 9M, con el 'Pacto de la Mantecada', como telón de fondo a más de 20 años vista.

Mientras que en el bando de enfrente, Carrasco y Morano siguen peloteando su ineficacia de atracción, sin querer reconocer que ya no valen las palabras en la renovación del Partido Popular en la provincia, sino los hechos de nuevas caras que vayan haciendo méritos camino de sucesivos comicios. Una especie de prueba del nueve, aunque no tenga que pasar por el filtro de un pacto, cuya mantecada (ya con denominación de origen) es mejor degustarla. Buen provecho.

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