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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Del iter a las autoVías (de la Plata)
No estoy yo ahora por la labor de hacer el camino de Santiago...
05/08/2010
CON VENTANAS A LA CALLE
... Tengo la agenda de la molicie a rebosar y no me llama Dios por esos andurriales. Pero si alguna vez lo hago, no lo haré en un Año Santo. Qué va. Por ganar una indulgencia plenaria te puedes encontrar con atascos y vaya usted a saber que otros peligros. Para después, a la salida de la catedral santiagueña, volver a empezar a pecar contra el cielo y contra Dios en forma de soberbia, gula y no sé cuantas otras cosas más y de nuevo entrar en la lista de espera del purgatorio.

Conozco los caminos Francés y Vía de la Plata a barrigadas de la información. He tenido que documentarme por activa y por pasiva para que ningún alcalde, peregrino, clérigo, militar, caballero o pícaro pudiera inducirme a seguir sus argumentos, cada vez que informaba de sus andanzas. Pero, lo juro, nunca he hecho un camino como mandan los cánones, o simplemente el Codex  Calixtinus, que un día me regaló un gran estudioso de la Ruta Jacobea, en tierras de Sahún de Campos. No, no lo haría nunca en Año Jacobeo. Quizá no lo haga nunca.

Sin embargo, por afinidad de mi tierra, La Bañeza, con una de las sendas al Apóstol más importantes, escogería la Vía de la Plata, entre Mérida y Astorga. El bimilenario Iter ab Emerita Asturicam. He recorrido varios tramos del trayecto andando, en coche en autocar y en bicicleta. Siempre he sido un hombre de recursos. Tengo documentado su trazado en mansio (parada y fonda de la vieja vía romana) y piedras de miliarios romanos (una milla, 1,48 kilómetros). A la vez que he escrito cientos de artículos sobre las antiguas cunetas que recogieron aguas y sudores de carromatos y legionarios, acarreando el oro de Las Médulas, desde Astorga, donde se clasificaba el transporte hasta Mérida, donde se repartían las cargas por Cádiz, Sevilla, Tarragona y otros puertos hispánicos, camino de Roma.

Este año, esta vieja senda la he recorrido varias veces en coche por la autoVía A-66 (de la Plata), por motivos familiares. Pero a medida que van pasando los pueblos y los cartelones que anuncian desvíos, puentes, arroyos, barrancos y otras informaciones, tales como autoVía de la Plata, me acuerdo de viajes específicos hechos ya antaño, para practicar senderismos, caminatas campamentales o documentarme en la verdadera, auténtica Vía de la Plata, que me enseñaron entre otros los catedráticos universitarios Manuel Abilio Rabanal o José Manuel Roldán Hervás.

Y mis añoranzas partirían de la antigua Emerita Augusta, una vez que he dejado a un lado a la, para mí ahora descubierta, bella ciudad de Badajoz. Mérida y su teatro romano, su arco de Trajano, su templo de Diana, sus puentes sobre los ríos Guadiana y Albarregas, amén de cientos y cientos de yacimientos que hablan de su esplendor dorado, 2.000 años atrás. Subiendo hacia Castilla y León paso por la localidad de Casas de Don Antonio, con una de las más importantes mansio del camino, derechos hasta Cáceres, donde lo romano y lo medieval se confunden entre torres, arcos, iglesias, palacios y catedral.

Y siguen Casar de Cáceres, Cañaveral, San Gil, Alconétar con su torre de Florines, su puente sobre el Tajo, Turmulos y su Higuera Santa, Serradilla, Galisteo, hasta llegar a Plasencia, donde la Vía de la Plata se hace medieval. Y después, Cáparra (paraíso silencioso de sus arcos romanos), Aldeanuela del Camino, Sotofermoso y su abadía cisterciense, Hervás la judía y Baños de Montemayor, desde donde escalé muchas veces el promontorio hasta Puerto de Béjar, en mis años de estudiante en el Aspirantado Maestro Ávila de Salamanca, Béjar, Cantalgallo, Fuenterroble de Salva, Guijuelo o Calzadilla de los Mendigos.

Desvío a  la Peña de Francia, entre Lagunilla y La Alberca, ya cerca de Salamanca. Discurriendo antes por las Hurdes, las Batuecas y el Calvitero, hasta llegar al Balcón de Santiago, desde el que se adivina más que se divisa Salamanca y toda su historia monumental y universitaria, que no cabe en un trabajo como éste. Posteriormente el camino de la Vía de la Plata lo van señalando Aldeaseca, Castellanos, Calzada de Valdunciel, Tierras del Vino, hasta llegar a la provincia de Zamora.

Zamora (la Ocelo Duri romana), donde la historia se hace anécdota en cada uno de sus rincones, de sus monumentos (puerta de Doña Urraca, Santiago el Burgo, Santa María la Nueva, Santiago el Viejo, Santa María la Horta, la Catedral, Santo Tomé, El Portillo de la Traición…).

Son tierras de conventos y monasterios estas zamoranas y salmantinas. Pueblos como San Pedro de la Nave, San Salvador de Tábara, Moreruela (donde el peregrino tenía siempre un remedio para sus llagas), San Martín de Castañeda en el monte Sospiaco o Santa María de Valparaiso en el municipio de Peleas.

Benavente, Villabrázaro, Alija y su puente de la Vizana, Quintana del Marco, Villanueva (a un lado), Bedunia (entre San Juan de Torres y La Bañeza), Palacios, Valderrey y su puente de Valimbre y Astorga.

Pero Asturica Augusta ya es otra historia muy larga, casi infinita en los dos caminos principales a la tumba del Patrón. Y todo esto que yo he pisado, estudiado, documentado alguna vez, hoy solo lo adivino mientras, a lo lejos, piso el acelerador de la prisa por las autoVías A-66 o A-6 (de la Plata). Ya…, querido alcalde. Pero con chorreras.

No, desde luego que si alguna vez me pongo las zapatillas, las gafas y las ganas de peregrino, no haré el camino de Santiago en un Año Santo.

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