Jueves 09 de febrero de 2012 | Actualizado a las 18:36 h.
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![]() Labores del equipo de Rescate de la Junta de Castilla y León tras el terremoto en Puerto Príncipe en Haití. |
Miércoles 13 de enero. La madrugada del 12 de enero, un fuerte terremoto redujo a escombros la capital de Haití. El temblor, que desató la alarma en todo el Caribe, provocó pánico y desolación y solo días más tarde la confirmación del trágico balance de una de las mayores catástrofes naturales que se recuerdan. La cooperación internacional comienza pronto a movilizarse y todos los países envían ayuda al país caribeño para contribuir en la búsqueda de supervivientes. En Castilla y León, la difícil tarea la asume un grupo de nueve miembros –siete personas y dos perros- del Grupo de Rescate de la Junta. Saben que no será fácil, pero inician un viaje que les dejará marcados para siempre. A las diez de la noche -hora española- parten hacia Santo Domingo, donde llegan tras más de 13 horas de viaje. En ese momento ni siquiera sospechaban que lo que se encontrarían en la isla vecina superaría todo lo imaginable.
Jueves 14 de enero. Hacia las dos de la tarde, el equipo de Rescate de la Junta de Castilla y León llega a Puerto Príncipe, procedente de Santo Domingo. Se alojan en el aeropuerto, en un improvisado campamento instalado muy cerca de las pistas de aterrizaje. Al salir a las calles, el impacto inicial da paso al horror en una ciudad sumida en el caos más absoluto. En la capital haitiana cada minuto que pasa es una vida perdida o ganada, por lo que lo fundamental ahora es ponerse manos a la obra. Comienzan los trabajos de rescate en suelo haitiano, duras e intensas horas de búsqueda que dan como resultado la mejor recompensa que los rescatadores castellanos y leoneses podían recibir: logran rescatar de entre los escombros a Redji, un niño de tan sólo dos años.
Es un rescate conjunto con Bomberos de la Comunidad de Madrid y agentes de la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía. La operación se prolonga durante dos horas y media porque el edificio se encuentra muy dañado y existe muy poco espacio en el que moverse. El avance se ve dificultado además por la presencia de cadáveres, incluido el del abuelo del pequeño, a quien permanece aferrado. Tras ser liberado, Redji se agarra fuertemente al hombro de su salvador. Confundido y asustado, el pequeño solo esboza una tímida sonrisa cuando se reencuentra con sus padres.
Después, el Equipo de Rescate de Castilla y León colabora con el de Islandia en la liberación de una joven de unos 30 años, que permanece atrapada en los escombros de un supermercado de la capital haitiana. Es, sin duda, el rescate más complicado, por la dificultad en el acceso hasta donde se encuentra la víctima. El rescate finaliza con éxito a las 4 de la mañana. Sólo una hora más tarde, el despertador les devolverá de nuevo a la cruda realidad.

Viernes 15 de enero. A las cinco y media de la madrugada, los rescatadores de la región ya están operativos y a la espera de las órdenes de actuación de Naciones Unidas. Hoy la misión se traslada a la MINUSTAH (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití), un órgano que nació en 2004 ante la amenaza a la paz y la seguridad que suponía la inestable situación política del país y que, ahora, tras el terremoto, se ha convertido en una improvisada ONG. Allí prosiguen con la inspección de edificios.
Sábado 16 de enero. El Grupo de Rescate de Castilla y León trabaja en colaboración con la ONG valenciana ‘Bomberos en Acción’. La capital haitiana ha sido dividida en 24 zonas de trabajo en los que los distintos equipos internacionales desarrollan su labor. Castellanos y leoneses y valencianos trabajan hoy en la denominada zona 18, en la búsqueda de la más mínima señal que revele que hay vida bajo los escombros. Como cada día, a las cuatro de la tarde, deben finalizar las intervenciones –excepto cuando se ha iniciado una operación y se ha encontrado un superviviente, como en el caso de la mujer de 30 años-.


Domingo 17 de enero. El Grupo de Rescate de Castilla y León es destinado a la denominada zona ocho, donde se ubicaba la Universidad de Puerto Príncipe. En esta ocasión, trabajan con un equipo americano. Es una de las zonas más peligrosas. Sin embargo, lo peor de la jornada estaba aún por llegar. Tras inspeccionar la zona universitaria, son destinados a un hotel cercano. Comienzan a buscar entre las ruinas del complejo, cuando escuchan un tenue hilo de voz. Cavan un túnel, hasta que encuentran a una joven bajo los ladrillos. El primer paso es acceder hasta donde se encuentra e hidratarla. Tras más de dos horas, logran liberarla hasta la cintura, aunque la joven permanece aprisionada por el cadáver de su madre. Entonces abren una segunda galería para liberar el cadáver y poder sacar a la niña. El médico, de nacionalidad peruana, no se muestra demasiado seguro en su actuación, por lo que el grupo de rescate solicita la presencia de médicos españoles para conocer su opinión. Es entonces cuando comienzan a oírse disparos.
El grupo español pide “tan sólo media hora más” para acabar con éxito el rescate. Tras una “acalorada discusión” entre los escoltas, se les concede ese tiempo, en el que consiguen acceder al confinamiento para sacar el cadáver y liberar a la niña de él. En cuestión de segundos, la situación parece agravarse fuera y los escoltas de la ONU vuelven a acceder al túnel para obligarles a salir. “Solo un minuto más”, pide Paco Pérez Rivas, coordinador del Grupo de Rescate de la Junta de Castilla y León. “O muere ella, o morís vosotros”, esgrime otra voz.
Y se les llevan “prácticamente a la fuerza, de mala manera, casi amenazados por los propios escoltas”, dejando enterrada una vida entre los escombros. Hacia las dos de la tarde, se les encomiendan las llamadas ‘tareas de aeropuerto’, en la que los siete rescatadores colaboraron en la descarga de aviones que llegan a la capital haitiana. “Fue una buena terapia para nosotros después de lo ocurrido, aunque aún así fueron muchas las noches que hemos pasado sin poder dormir al recordarlo”, relata, visiblemente afectado, Pérez Rivas.

Lunes 18 de enero. Vuelven a trabajar a la MINUSTAH. Allí colaboran en el rescate de Rosa Crespo, la subinspectora de policía, natural de Zaragoza, que se convertiría en la tercera víctima mortal española de la catástrofe. Sólo encuentran cadáveres, ningún superviviente.
Martes 19 enero. Continúan las revisiones en edificios derruidos, en busca de la más mínima señal que revele la existencia de supervivientes. Hoy tampoco hay suerte. Los equipos de rescate españoles, a excepción del de Castilla y León, regresan a Santo Domingo para preparar su vuelta a España.


Miércoles 20 de enero. Son apenas las cinco de la mañana, cuando un fuerte temblor causa el pánico en Puerto Príncipe. La gente, atemorizada, abandona incluso las tiendas de campaña en sus campamentos, como si la endeble tela supusiese una amenaza para su seguridad. Nadie quiere revivir lo ocurrido hace una semana. Los rescatadores de la región permanecen a la espera de información, por si se hubiese derrumbado alguno de los escasos edificios que aún permanecen, al menos parcialmente, en pie.
Por fortuna, el nuevo temblor se queda solo en un susto. La misión ahora consiste en recuperar todo el material importante entre las ruinas de la Embajada. Discos duros, papeles de adopción, llaves de coches… Las mismas ruinas que segaron miles de vidas conservan intactos diversos efectos materiales.
Por la noche, el equipo de rescate se dirige a Santo Domingo, para preparar su regreso a España. Allí permanecen hasta el jueves.
Jueves 21 de enero. Tras pasar parte del día en Santo Domingo, retoman el viaje de vuelta a casa. El viernes, los nueve héroes pisan suelo español, con la mente todavía en la capital haitiana. Aún hoy, sus rostros reflejan el dolor por la que será sin duda la misión más dura de su carrera, una misión que les ha hecho partícipes de una tragedia que ha superado todo lo imaginable.
