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Pero más allá de las variables macroeconómicas y de buscar responsables a esta crisis, la realidad es que durante estos últimos diez años la inflación oficial ha sido 31,98 por ciento, porcentaje que está muy lejos de una subida salarial que en este periodo ha estado debajo del 15 por ciento, dado que los salarios medios han pasado de 19.802 euros en 2002 a poco más de 22.500.
El euro fue impopular desde el principio por una sencilla razón: ni los comercios ni las administraciones públicas cumplieron la promesa de convertir precios sin trampas ni redondeos. Con la entrada en vigor de la moneda única lo que costaba cien pesetas pasó, en muchos casos, a costar un euro -la moneda única equivale a 166,38 pesetas-, y eso que por aquel entonces desde TVE, donde arrasaba un nuevo programa llamado ‘Operación Triunfo’, se repetía hasta la saciedad que el euro no elevaría los precios.
Aunque se había previsto un periodo de convivencia con la peseta, lo cierto es que en los primeros quince días más del 90% de las operaciones comerciales ya se realizaban en euros, y una España invadida por nuevas calculadoras con sistemas de conversión aceptaba sin problemas la nueva moneda. En aquellos días, cuando se daba el último adiós a Camilo José Cela y los padres del colegio vallisoletano García Quintana acampaban para pedir la retirada de una antena de telefonía móvil del centro, el precio del petróleo, aunque pueda parecer mentira, apenas supera los 18 dólares barril, cuando hoy cotiza por encima de los 110. Entonces, el litro de gasóleo costaba poco más de veinte duros y ahora ronda los 1,35 euros (225 pesetas).
Según la OCU, la prueba más patente de ese desfase entre los salarios y el encarecimiento de la vida desde la entrada del euro es la comparación en la cesta de la compra. En el estudio de abril de 2001 elaborado por esta organización de consumidores la cesta anual le costaba a una familia 4.600 euros de media, cesta que en mayo de 2011 salía por 6.800 euros al año: un 48 por ciento más cara. Estos datos se basan en la comparación de los estudios de supermercados que la OCU hace una vez al año, con una cesta diseñada para una familia que incluye productos de alimentación. Así, de las 360 pesetas que costaba un litro de aceite de oliva a finales de 2011 hemos pasado a pagar casi tres euros (499 pesetas), casi un 28 por ciento más; el precio de una barra de pan se ha duplicado; un yogurt de fruta de una conocida marca ha pasado de 30 a 49 pesetas, y un kilo de arroz cuesta un 50 por ciento más.
Pero no sólo la OCU pone en duda las ventajas del euro. Las organizaciones agrarias UPA y COAG denunciaban recientemente que la llegada de la moneda única no ha servido para acortar las diferencias entre los precios en origen y destino, y denunciaban que el precio pagado a los agricultores no sólo no se ha incrementado, sino que de media ha descendido. Así, mantienen que hace diez años el agricultor vendía la patata entre cinco y ocho céntimos el kilo, mientras que en la última campaña osciló entre los tres y los ocho. Además, denuncian que ha pasado lo mismo con otros productos, tales como la leche, que para el consumidor se ha encarecido de 0,60 euros el litro a 0,89, casi un 33 por ciento más. En este caso, el ganadero ha pasado de percibir 29 céntimos a 32, sólo algo más de un nueve por ciento de incremento.
Agricultura
En medio de este panorama, en el que la riqueza española fue convergiendo con la media de la Unión Europea -Castilla y León pasó del 75 por ciento de 2002 al 105,2 % en 2011-, sólo una pocas cosas bajaron. A la cabeza se situaron los productos tecnológicos. Los televisores, cadenas de música, lectores DVD o equipos informáticos cuestan ahora un 60% menos de lo que costaban en tiempos de la peseta. Si cuando llegaron los primeros euros se podían encontrar ofertas de ordenadores portátiles por 1.500 euros, ahora, equipos con prestaciones impensables para el consumidor de entonces, se pueden adquirir en el mercado por menos de 400 euros. Al igual ocurre con las televisiones, que se han abaratado casi un 100%, y eso que nada tiene que ver la calidad de los enormes aparatos de esos años con las pantallas planas de ahora.
Además de la tecnología, la prensa -el precio medio de un periódico ha pasado de las 141 pesetas a las 200- y los automóviles, fueron de los pocos sectores que subieron sus precios por debajo de la inflación oficial. La cultura también se ha encarecido. Ver ‘Amelie’ en los cines de Valladolid capital costaba 4,80 euros en enero de 2002, cuando ahora la entrada a una sala ronda una media de 6,70, un 29 por ciento más. Lo mismo ocurre con los museos, y en el caso de la Casa Lis de Salamanca, la pinacoteca más visitada de toda Castilla y León, las entradas han pasado de las 300 pesetas a los cuatro euros.
Capítulo aparte merece la evolución del precio de la vivienda y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. En diciembre de 2001 el precio medio del metro cuadrado se situaba en España en los 1.203 euros, mientras que diez años después, y a pesar de las bajadas generalizadas desde principios de 2008, supera los 1.800.
Prudencio Prieto, presidente de UCE-Castilla y León, disculpa al euro de provocar la subida generalizada de precios, y asegura que “sin la moneda única sería impensable el desarrollo que ha sufrido España en estos años”. Más críticos son los sindicatos. Juan José García, secretario de Comunicación de CCOO en Castilla y León, denuncia la diferencia entre el crecimiento de los salarios y los precios en este periodo, y pide más Europa, “ya que el objetivo debe ser la unidad política y social”. En la misma línea se pronuncia Óscar Lobo San Juan, secretario regional de UGT de Política Institucional, que critica la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores “por la falta de control de los precios” y demanda una “unidad real de la economía” y un mayor protagonismo del Banco de España.
Por su parte, el abulense Jesús María Terciado, presidente de Cecale, asegura que la nueva moneda, a pesar de las incertidumbres iniciales, ha supuesto para España un cambio económico que a todas luces se ha convertido en un hito de indudable trascendencia económica y social. “El euro nos ha permitido a los empresarios tener una divisa fuerte, capaz de competir con otras. Ha sido la llave que ha abierto una puerta con nuevas oportunidades para nuestras empresas. Necesitábamos tener un patrón común con el que evaluar nuestra competitividad, y con el euro lo hemos logrado, por lo que desde Cecale consideramos que hay que luchar por la supervivencia de la moneda única.
De todas formas, diez años después todavía hay muchos nostálgicos, despistados o demasiados ricos, dado que los españoles todavía conservan en su poder monedas de peseta por un valor total de 1.707 millones de euros.
