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papeles, las radios, la televisión, lo digital trae buenas noticias, bonitas informaciones. O al menos, a mi me lo parecen. Tales como los
premios que se están fallando ahora por la Junta de Castilla y León, bajo la denominación de Francisco de Cossío, que en esta edición
cumplen el cuarto de siglo.
Y es que este año (o sea, el otro) le han correspondidos dos de esos Cossíos a mis compañeros y además amigos (¿Qué es eso de y sin embargo…?) Fulgencio Fernández y Jesús Fernández Salvadores en las modalidades de Igualdad de Oportunidades y Fotografía respectivamente. Vaya para ellos mi más sincera felicitación por su merecimiento y buen hacer.
Al tío Ful, como amistosamente se le nombra en medios periodísticos, hace más de 25 años que nos conocemos y trabajamos juntos en la redacción de La Crónica de León. Es fácil ser amigo de Fulgencio. Es todo afabilidad y solidaridad. Nunca lo vi cabreado en los 23 años que trabajamos juntos. Antes de pedirle el favor ya lo tenías concedido. Un gran compañero y un gran periodista que, cada día, junto con una extensa batería de informaciones culturales, reportajes y columnas de opinión, remata, como en un paternósterdeporlaseñal el comentario de la última sobre una fotografía de Mauricio Peña, en La Crónica de León.
Como todos, hicimos de todo en aquel periódico que un uno de marzo de 1986 saltó a los kioscos leoneses, buscando una oportunidad en la igualdad informativa. Juntos recorrimos muchos pueblos de la provincia en busca de temas nuevos o novedosos para unos dominicales en los que había de todo, hasta la deconstrucción de la propia Crónica, (‘ACINORC AL’). En la que valía todo, hasta pisar raya. Juntos fuimos compañeros de viaje de aquella primera Marcha Negra de los mineros a Madrid. Compartimos páginas de Deportes. Él siguiendo la Lucha Leonesa y el primer balonmano y yo en la tercera división (Astorga y La Bañeza) y
el boyante Fútbol Sala en la División de Honor.
Sí señor, teníamos que hacer de todo. Hasta la publicidad si llegaba el caso o haciendo de cobradores sin frac. Por eso, cuando el otro
día, estando fuera de La Bañeza, me enteré de la concesión del Cossío sentí el sobresalto de cuando te toca algo de refilón y una sana
envidia. Lo mereces, tío Ful, porque sigues en la brecha y, como siempre, haciendo de todo y todo bien.
Lo de Jesús Salvadores es otra cosa, aunque en la amistad tiene para mí sus concomitancias con Fulgencio. Y además repite en el Cossío. Jesús es campechano como Ful, profesional por los cuatro costados y amigo del alma. En las páginas del Diario de León muestra sus logros cada día y cuando el pasado viernes vi que había sido otra vez Cossío volví a palpar ese gusanillo de añoranza de aquellos años, muchos, que compartimos informaciones, algún vaso de vino o cerveza, algún cigarro y más de un carrete.
No, yo nunca fui un fotógrafo de raza. Qué va. Hacía lo que podía con los medios con los que contaba, después de haber sido un negado hasta que se inventaron las cámaras de disparo automático. A estas alturas he de recordar la frase de mi buen hermano Chago, cuando tras revelar un carrete de un partido de fútbol sala, para tener archivo de este deporte en aquel periódico ‘Beduina’ que hacíamos en La Bañeza, en la década de los 70 del pasado siglo, en un laboratorio adquirido a un fotógrafo de un pueblo, dijo con resignación: “No he podido salvar ni una fotografía, están todas movidas”. A lo que yo le contesté: “¿Cómo no van a salir movidas si los jugadores no paraban ni un momento?”. Y rematando él: “Sí ya sé, hasta la publicidad de Suministros Cortés se movía en tu objetivo”.
Jesús ha realizado una obra maestra en la segunda Marcha Negra de los mineros, el pasado año. Yo, que fui testigo de cargo de la primera, que a lo largo de muchos días hube de buscar anécdotas e historias para llenar cuatro o cinco páginas, mientras Mauricio Peña encuadraba cientos de fotos, sé cuál es el mérito de este segundo Cossío para Jesús F. Salvadores.
Pero además, Salvadores ha hecho el milagro de hacerme una fotografía a un negado para ponerse delante de una cámara (y a veces, detrás), a un negado de la fotogenia, como es la imagen que encabeza esta columna cada semana. Sí señor, Jesús fue el artífice de encuadrar, sin retoques, la monumental cabeza / de este escribidor de pueblo, / que balbucea sin duelo / cosas desde La Bañeza.
Gracias, amigos, por eso, por ser amigos. Y muchas felicidades a ambos.
