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El mea culpa era obligado porque muchos (joder, no sabía que tenía tantos) de mis lectores amigos me lo advirtieron. Pero no era cosa de andar molestando a la redacción del periódico en estos días navideños, mermada por las vacaciones.
El Ayuntamiento de mi pueblo, la Casa Consistorial de La Bañeza (esa que una vez, después de la guerra incivil, un forastero pregunto por ella a un policía municipal y éste, con gran desparpajo y confidencialidad, le dijo que al terminar la contienda habían desaparecido todas, "ahora estas citas amorosas hay que hacerlas de boca a boca") cumple este año cien años de su inauguración. Aunque se terminó la obra dos años antes, según cuentan las crónicas y las actas municipales.
Con tal motivo, se pretende desde la Corporación celebrar este centenario con una serie de actos que, por lo que se ve, les han cogido con el pie cambiado a los mandatarios locales, ya que, después de casi quince días, aún están por determinar. Y es que unos se pasaron y otros, a lo peor, no llegan.
Viene esto a cuento de otro centenario pretendido a celebrar durante el año 1995, con motivo del cumplimiento del siglo del nombramiento de villa a ciudad a La Bañeza, por la Reina Regente, Doña María Cristina, bisabuela del actual Rey y en nombre de su augusto hijo Don Alfonso XIII. En aquel entonces, una comisión interna de funcionarios, técnicos y políticos del equipo de gobierno que presidía Antonio Fernández Calvo, tenían pergeñado y casi concluido, a 31 de diciembre de 1994, un extenso programa de actos.
Entre los más importantes fueron la construcción de una plaza con el nombre del Centenario y monolito y todo (que se hizo efectiva); la inauguración del nuevo centro cultural Infanta Cristina, a cuyo evento se acerco a la ciudad la Infanta de este nombre, en cuyo honor se le denominaba; la publicación de un libro entre lo que iba de ayer a hoy (también efectivo); la propuesta de lo que fue el último encuentro con la música (que no se celebró); y…, unas cuantas cosas más, hasta que llegaron las elecciones municipales y el entonces alcalde y su equipo de gobierno quedaron a las puertas de la mayoría absoluta, lo que hizo que entraran unos nuevos mandatarios en la Corporación municipal y tuvieran que dedicarse a poner orden en las cuentas municipales, antes de que la quiebra técnica se hiciera efectiva.
Con ello, los dineretes que había para los cohetes de la celebración del aquel centenario de villa a ciudad hubieron de ser detraídos y destinados para los menesteres del ahorro y las cuentas claras.
Esta vez parece que la contabilidad municipal corre buenos augurios y sendas y no son necesarias aquellas medidas drásticas. Sin embargo, a 13 de enero, aún no sabemos los bañezanos ni un mínimo avance del programa de este centenario de la Casona, ni menos del que también habría de celebrarse su siglo (si alguien no lo hubiera sustraído) el siglo contante y sonante de un preciso kiosco de la música, que existía en uno de los baldosados de la Plaza Mayor.
Cien años no es nada. Nuestros abuelos bis decían 20 años en el tango de Gardel. Unos se pasaron y estos, a lo peor no llegan. Pero ahora, en estos tiempos que corren, hay que añadir 80 años más, por aquello del aumento de la longevidad. Pero yo le urjo al señor corregidor y senador por circunstancias que ponga sus peones culturales y patrimoniales (sería cojonudo la ampliación lateral del Consistorio, entre otras obras) a trabajar para dar a La Bañeza un centenario de su Casa Consistorial, como mandan los cánones. No vaya a ser que, por aquello de que el tiempo pasa que es un primor, lleguen las campanadas de fin de año y queden las manos de la celebración vacías, listas solo para aplaudir la inoperancia. Dios nos oiga, oye.
