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Lo que pasa es que, como otros días de las calendas, no deja de ser una referencia para acontecimientos varios. Me explico: este trece de mayo será clave para las candidaturas que luchan por amarrar un puesto en alguno de los ayuntamientos de España o en las cortes de las distintas autonomías que una semana después están llamadas a las urnas. Ese día, trece de mayo, faltará una semana justa para entrar en reflexión, para entrar en agujas como los viejos trenes cuando llegaba a las respectivas estaciones.
Además, hace unos años, un trece de mayo estuvo a punto de cometerse un papicidio, ya que un cantamañanas le arreó a Juan Pablo II una serie de tiros que casi lo manda para el otro barrio. Con lo cual le hubiera sido imposible llevar a cabo una biografía santa que le llevará en estos días a los altares de la beatificación, en la Gloria de Bernini.
Trece de mayo y viernes. Ummmmm. No deja de tener ciertos efectos traumáticos para los que creemos en agüeros y dioses falsos de la agorería. Pues bien, viene todo este aserto de pipas y caramelos para recordar a los mandamases del ayuntamiento de mi pueblo, La Bañeza, que esa a sido la fecha, el trece de mayo, como ultimátum a la empresa concesionaria que ha realizado las obras del tramo de carretera Nacional VI, adjudicada por el Gobierno Central a la ciudad, para convertirla en una gran avenida de más de tres kilómetros.
Ya digo, el trece de mayo, la Virgen María se le apareció al alcalde de mi pueblo, José Miguel Palazuelo, tierno pastorcillo, para que pusiera una banderita en el calendario y poner a caldo a la constructora sino concluye estas obras. No tendría otro día… Vamos, digo yo.
En realidad, las obras están concluidas. Al menos lo gordo del proyecto que supera los tres millones de euros de presupuesto. Es más, hasta el presupuesto de marras está caducado y ha habido que habilitar otros 300.000 euros para poder echar la capa de rodadura de aglomerado en lo que queda de calzada y las zonas laterales que han sido habilitadas en el proyecto. Un extendido de aglomerado que borrará los muchos defectos y chapuzas que se han producido, quedando enterrados hasta que las primeras lluvias de verano o de invierno los vuelva a desenterrar.
En realidad, el trece de mayo próximo es el último estiramiento del plazo de ejecución que, con anterioridad ya había sido estirado. Bueno, en realidad, lo que ha pasado es que en el proyecto ingenieril no habían sido incluidos los zambombazos meteorológicos, a base de lluvias, nieves, heladas y soles abrasadores; ni el robo que los cacos han venido realizando a los árboles que han sido plantados a los lados de este largo vial o en las cinco rotondas que se han construido. Y claro, para colmo, este mes de abril (una de las últimas prórrogas), que además lleva implícito en su nomenclatura aquello de aguas mil, ha caído la intemerata de lluvias. Hasta la prensa se hace eco de que León (y provincia, supongo) ha sido donde más chuzos cayeron durante la Semana Santa. Y eso, es malo para poder extender el aglomerado, que tiene que ir a más de 150 grados centígrados de temperatura. Jesús, qué calorías.
Pero es lo que hay. Que lo sepan los de la constructora. El trece de mayo, la Virgen María bajó de los cielos a Cova d’Iría. Y además, se acaba el plazo para terminar las obras de la Nacional VI, con el aglomerado y toda la pesca extendido. Porque sino, el 22 del mismo mes, a lo peor, alguien se acuerde de los respectivos antepasados cuando vaya a introducir sus papelas en las urnas de las elecciones municipales. Avé, Avé, Avë María, Avé, Avé…
