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Y es que de 50.000 (nunca fueron 100.000 los Hijos de San Luís) espectadores nada de nada. Faltaba uno para llegar a esa cifra. Con nombre y apellidos, ¡oiga!: el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera Campo.
Se celebraban las bodas de oro de la competición y del Moto Club Bañezano. Perfecta organización en todos los actos programados. Desde la Feria del Motor a los homenajes a una treintena de antiguos participantes en las pruebas motoristas, así como todo lo relacionado con las llegada de moteros y las pruebas del 50 Circuito Motorista Bañezano. Una matrícula de honor sin paliativos. Pero faltaba don Juanvi Herrera Campo, presidente de la cosa regional.
Hombre, no sé ni tengo porque saberlo, si el Moto Club Bañezano lo invitó a los actos (que esa es otra). Pero, la verdad, es que sino lo hizo tampoco sería un fallo, porque como presidente de Castilla y León tenía que saber del acontecimiento bañezano y, como cualquiera de los miles de moteros y forasteros de a pie (o de coche) que no estaban invitados, podría haberse presentado (aunque fuera de incógnito), por ver de saber lo que se cuece en La Bañeza un fin de semana como el pasado. Pero ni incógnito ni dios que lo fundó. Don Juan Vicente no estaba entre los contados por éste que firma.
Y es que si hubiera venido a La Bañeza se hubiera enterado de una puta vez (aquí vale la palabrota, aunque tenga que echar un euro a la hucha de las palabrotas de mis nietas las gemelas) de la afición al motociclismo de los bañezanos, de los comarcanos, de los leoneses. Más que nada, por ver si cambia definitivamente su voluntad política con respecto a la construcción del añorado circuito permanente de velocidad. Pero no lo he visto. Nadie vio a Juanvi Herrera en la ciudad durante este largo fin de semana.
Afición y gotas de gasolina en las venas de los que hemos nacido aquí, de los que se asentaron posteriormente, de los que vinieron una vez y repitieron para siempre. Motos por todas las calles, por todas las plazas, por todos los sitios. Tiendas de campaña hasta en la sopa. Acelerones y algún abencerraje quemarruedas durante las noches del viernes y del sábado que no falte, para que la excepción confirme la regla de esta locura. Eso es lo que se ha perdido, una vez más, Juan Vicente.
No sé por dónde anda ahora el presidente. Quizá haciendo unos kilómetros de algún camino de Santiago. Pero los bañezanos tenemos que obligarle, exigirle, atracarle una vuelta por la ciudad en ese fin de semana anual de vértigo, en el que se convierte La Bañeza, durante las pruebas motociclistas y todo lo que las rodea, mi querido don Herrera Campo.
Y es que luego, no van a valer ya las promesas electorales que hagan él y sus compañeros durante las campañas electorales sobre la construcción de un circuito permanente de velocidad en La Bañeza. Tenemos que exigirle a Herrera su conocimiento sobre el terreno, a pie de andamio de lo que somos con las motos los bañezanos. Porque ni nuestros procuradores del PP, ni nuestro actual y único consejero Silván el risueño, ni la presidenta popular ni los muchísimos votantes que le llevan a la presidencia de la Comunidad Autónoma han sabido concienciarle de lo necesario, de lo indispensable, de lo de puntopelota que es el circuito permanente de velocidad en La Bañeza.
¡Oiga!, presiente, para poderlo contabilizar entre los 50.000 aficionados al deporte de las dos ruedas veloces, locas.
Y pronto, oye. No vaya a enfriarse el señor presidente del Gobierno y a la vez ministro de Deportes de España, don Rodríguez Zapatero, que parece estar por la labor de la construcción. Los trámites preliminares y tal ya están hechos o en marcha, con la ayuda del Consejo Superior de Deportes y el Ayuntamiento de La Bañeza. Sólo falta la voluntad política de Don Juan Vicente Herrera, a la sazón presidente de la Junta de Castilla y León para construirlo.
Pero, de momento, no se acerca a La Bañeza a presenciar (¡oiga!, que no es a participar en las pruebas) don Juanvi. Por eso, mis queridos compañeros de los medios de comunicación de toda la Comunidad Autónoma, no fueron 50.000 (ni 100.000 los Hijos de San Luís) los espectadores del 50 Gran Premio de Velocidad Ciudad de La Bañeza. Sino tan solo 49.999. Porque falta uno, el presidente Herrera.
¡Circuito bañezano, ya!
