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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Francia hace gigantón al alcalde de Astorga
Sí señor, la ciudad 'hermana' francesa de Moissac ha hecho el milagro...,
02/10/2009
CON VENTANAS A LA CALLE
...hacer gigante (gigantón) al alcalde de Astorga. Amén de dar nombre a una de sus calles con el de la capital maragata. Hace 20 años dije que si Perandones, alcalde de Astorga, tuviera una cuarta más, tendríamos corregidor (que diría don Luís Alonso Luengo) para muchos años. Me confundí. Lo reconozco.

A Juan José Alonso Perandones no le hacen falta ningún centímetro más de su corta estatura para persistir en el cargo como mandatario (casi eterno) de la Ciudad Bimilenaria. Cada cuatro años, los astorganos vuelven a darle un aval para seguir en la poltrona, porque a lo largo de los mandatos ha sabido cambiar la imagen de la capital maragata, tanto en el aspecto empresarial, como en el turístico, histórico, patrimonial y cultural.

Después de haber accedido a la Alcaldía en abril de 1989, tras una moción de censura para desbaratar un espantajo cuatripartito que le hurtó el cargo por un puñado de votos. Perandones hubo de volver a poner en marcha el rompecabezas que durante 18 meses habían desbaratado los cuatro partidos que formaron gobierno y juntaron los nueve concejales que hacían falta para gobernar el Ayuntamiento astorgano. Entre unas cosas y otras se habían perdido cuatro años cruciales, así como subvenciones ya concedidas y otros proyectos en marcha desde el mandato anterior, cuando hubo de echar mano de los falangistas de Recaredo Bautista para formar gobierno, como teniente alcalde.

Después, los astorganos han seguido eligiendo a Juanjo Perandones. Unas veces con mayoría absoluta y otras, con mayoría simple. Por lo que ha tenido que pactar con camas atravesadas para mantener la batuta entre los dedos.
Y cuando todo parecía que iba a quedar como estaba, llegan los ‘hermanos’ de Moissac y construyen un gigante festivo (un gigantón), de palo y lienzos, con su gran cabeza representando al alcalde astorgano, Juanjo Perandones. A la vez que nominan una de sus calles principales con el nombre de rue d’ Astorga. Toma ya.

La historia de este hermanamiento comienza un mes de septiembre de 1996, cuando un centenar de astorganos, representantes de casi todas las asociaciones, Cámara de Comercio, Asociación de Empresarios, concejales, alcalde y medios de comunicación se embarcan en un viaje a esta pequeña ciudad del sur de Francia que, a lo largo de la posguerra incivil española, acogió a cientos de exiliados españoles, cuyos hijos son hoy franceses, casi todos profesores de universidad y de institutos, con la añoranza de la tierra de sus antepasados por bandera, que hablan de danzas, de jotas, de canciones populares, gastronomía, de tradiciones, de historia bien contada y otros recuerdos que sus padres le fueron insuflando.

Una embajada que llegó a Moissac en su feria agroalimentaria, en medio de las reticencias de sus vecinos que asociaban lo español a unas gentes que les hacían bajar los precios de sus frutas y verduras y contra las que luchaban volcando camiones e interceptando productos.

Ese fue uno de los desmientes que tuvimos que echarnos a la mochila los enviados especiales y contarles la historia de Astorga, de su cultura, de sus monumentos, de su pasado romano de su encrucijada de caminos a Santiago de Compostela. Y los plumillas acuñamos una frase que fue clave en la fraternidad: “Astorga es la herencia romana y Moissac la piedra, el agua y sol en lo románico”.

Porque el hilo conductor del pretendido hermanamiento había partido de ese cordón umbilical que es la ruta jacobea. Moissac es una de las paradas principales del Camino de Santiago entre París, Toulouse y Roncesvalles, después de pasar por Puy de Valay, Cahors y Saint de Conques. Su principal monumento es la abadía románica Saint Pier, a orillas del río Tarn, navegable y turístico a lo largo de la ciudad. Y en el aspecto frutícola las famosas uvas de mesa, denominadas ‘Chasselas’.

Un año después, la embajada que viajó a Moissac fue más reducida y más empresarial,  con la maleta llena de productos agroalimentarios, principalmente, en los que la cecina era el producto reina, a pesar de la epidemia de ‘vacas locas’ que se había desatado en Europa. Por lo que los embajadores tuvimos que denominar dicho producto como ‘viande voucanée (o ceccin o jambon) de boeuf’ (cecina o jamón de buey), que olvidaba y desactivaba por completo la locura vacaria de estas hembras.

Fueron dos viajes en los que con el hermanamiento oficial entre Astorga y Moissac, entre Juanjo Perandones y el alcalde francés Jean Paul Nunzi (también socialista como el astorgano), los que tuvimos la suerte de ser acólitos de aquella hermandad llenamos nuestras agendas de amistades que hablaban francés, alemán, por los dedos y muchos, español con dejes aragoneses y catalanes. Hoy recuerdo a aquellas gentes, las mil y una anécdotas para escribir un libro, los días vividos como enviado especial de mi periódico.

Aunque también aprendí a vendimiar ‘Chasselas’ y a cortar cecina en lonchas finas, porque era la mejor comunicación entre franceses y españoles que, las más de las veces, no teníamos traductores simultáneos. Vamos, una especie de
liberté, égalité, fraternité entre Astorga y Moissac, después de más de 200 años. ¿O no?

Enhorabuena a Perandones y Astorga.

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