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El ex alcalde Raquetas / se hace rico de postín. / Con dineros de la Caja / solucionó el porvenir. / Unos dicen que es legal, / otros, ni no ni sí. / Que le quiten lo bailao / y el dinero en el bolsín… Y es que la fantasía, la imaginación que lleva parejo cualquier carnaval, tanto en los disfraces como en las máscaras y en los números sueltos propios de la fiesta que abre la primavera, en la fiesta de difuntos queda en la guarida de los tiempos. Y es que los celtas no dejaron de ser unos sosines de poca monta. Aunque dice el Trapiello que antes que los celtas, los astures de estas tierras también celebraban sus ritos funerarios, como la última noche del año, en aquellos tiempos de Maricastaña. Y Perico Trapiello sabe de esto la tira.
El Pepé mete la pata / del sueldo de Palazuelo / y hubo de rectificar / donde dije digo diré Diego. / El Pepé de La Bañeza / ha de buscar los enredos, / que digo yo que los hay, / pero sin chuparse el dedo… Había mucha sangre en el ambiente aquella noche jalogüinera, mucho negro, mucha ceniza de cuaresma rara. Pero imaginación, poquita. Más que susto, lo que daban era pena. Y es que lo de Halloween no es carnaval, ni mucho menos. Al menos en mi pueblo.
Al río Tuerto en mi pueblo / lo han dejado a media asta / y los puentes de madera / se cruzarán a brazadas. / Navegable será un día, / pero de momento nada, / que la empresa constructora / se fue sin picos ni palas… Cuando servidor era un chaval, en esta noche previa a Todos los Santos, buscábamos en el desván algún viejo botijo o cántaro de barro al que, como buenamente podíamos, practicábamos dos agujeros como ojos y otro más grande de boca. Después metíamos una vela dentro y encendida la dejábamos colgada de cualquier matojo en algún oscuro camino de tránsito, descojonándonos de risa de los sustos que dábamos a los que pasaban. Esto, a lo peor, se asemeja un poco más al carnaval bañezano. Lo de Halloween…, pues no
Una plaza en La Bañeza, / que se llama Carnaval, / le han colocado una estatua / grande, grande, colosal. / La estatua del carnaval / representa en La Bañeza / la descomunal cabeza / de un ilustre concejal… Esta cuarteta última (algo retocada), de autor anónimo, apareció en un cartelón, el día que se inauguraba en la Plaza Mayor bañezana, allá por el 1891 una famosa y querida farola.
Esto es carnaval. Por eso, el otro día, cuando se inauguró el monumento al carnaval bañezano, declarado ya de Interés Turístico Nacional, recordé aquella copla que, al final, nadie colocó bajo los plásticos que cubrían la obra de Antonio Odón Alonso. Porque entre octubre y noviembre, por mucho jalogüineo que se intente hacer, nunca llegará a ser carnaval.
O esto pienso yo, que esa es otra.
