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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Honores a un gran cocinero
Y la ola, si hace falta. Porque Paco Rubio es merecedor...
16/09/2009
CON VENTANAS A LA CALLE
...de ser nombrado Cocinero Mayor de la Alubiada de La Bañeza y hasta Hijo Adoptivo de la ciudad. Una ciudad que desde hace más de 40 años se la prendió en la solapa de su chaquetilla de cocina y de su amor por una bañezana, también ilustre, su novia y después su mujer, Angelines Alfayate.

Hace diez u once años, cuando Paco Rubio se sacudió los galones de su jefatura en cocina en el Hotel Palace de Madrid, escogió, cómo no, La Bañeza para retirarse a sus cuarteles de invierno, a un descanso compulsivo que no podía ser dejar toda actividad de golpe, para que el organismo no sufriera las consecuencias de su mono de responsabilidades. Y montó un pequeño y coqueto restaurante que estaba incluido en casi todas las buenas guías españolas de la Gastronomía (con mayúscula). Desde ese retiro de los grandes fogones por un pequeño figón, Paco Rubio y Gelines fueron haciendo Bañeza a lo grande por los caminos del buen yantar peninsular, con las únicas y mejores armas que sabían: la buena cocina.

Sin aún abrir el restaurante, alguien me puso en contacto con Paco Rubio al que, como es obvio, un periodista de pueblo como era yo, no conocía de sus buenas artes culinarias. La entrevista la hicimos al alimón entre la cocina del pequeño local de la calle Astorga bañezana y un pequeño huerto en el que después cultivó toda clase de verduras para el consumo propio. Fue larga y, yo diría, que tendida y entendida.

Hablamos a grabadora funcionando y a grabadora apagada. De lo divino y de lo humano. De sus años de aprendiz en el albergue de turismo de La Bañeza, que un malhadado ministro de Obras Públicas benaventano clausuró y de sus correrías por la ciudad, intentando robar algún beso suelto a su compañera de estudios gastronómicos y novia Gelines.

Nos metimos en la cocina de Hotel Palace madrileño y recordó a vuela pluma sus 20 años de capitán de la nave fogonera. No pudimos pasar por alto la noche de 23 de febrero de 1981 y el cuarte general contra el golpe de Tejero, en las dependencias del Palace. Y quedamos para que más adelante, volver a insistir en la susodicha entrevista, con anécdotas para escribir un libro.

La conversación quedó cifrada también en sus perspectivas de futuro, en el que con la cocina de altura, pudiera especializar su menú bañezano en el lechazo asado, juntamente con un estudio amplio de los platos tradicionales de las tierras bañezanas y astorganas.

Quedaron sin grabar sus propósitos a medio plazo de enseñar al que no supiera sobre las enseñanzas de las que él era maestro. Y muchísimas más cosas que después fue realizando paulatinamente en los diez años que duró su retirada bañezana.

Ahí quedaron los cursos de cocina en la apertura de la residencia de ancianos de Mensajeros de la Paz, o los platos especiales de Navidad durante todos los años que trabajó en La Bañeza o sus programas didácticos en las emisoras bañezanas o...

Pero quizá lo más representativo de sus iniciativas tenga que pasar por la unión de un grupo de cocineros bañezanos para conformar la asociación de La Tartera, cuando entre ellos no se decían ni adiós.

Y de ese entusiasmo por hacer de La Bañeza el emporio, la referencia de la gastronomía leonesa, surgió la idea de crear en la ciudad, de devolver a La Bañeza, la secuestrada escuela de hostelería que, cuando estaba muriendo el dictador, un ministro mostrenco se empeñó en cerrar las viejas instalaciones de aquel coqueto parador de turismo, para que no siguiera haciendo sombra al de su pueblo natal, Benavente.

Le ha quedado esa espina clavada, porque no encontró apoyos a la realización de la idea y, como me había anunciado, cerró su restaurante y marchó a Madrid a disfrutar de su familia.

Pero Paco Rubio y Gelines Alfayate han vuelto a casa. Este domingo, día 20, el Ayuntamiento de La Bañeza le nombra Cocinero Mayor de la Alubiada, después de ser el creador, mentor y alma mater de este evento, que en su sexta edición, pretende repartir 7.000 raciones de alubias a la bañezana, camino de lo que hace años prometió “no estar conforme hasta que no llene la fuente de la Plaza Mayor de alubias y convertir esta plaza  en un magno restaurante”.

Las alubias están preparadas para echarlas de agua. Los fogones ya han llegado a la Plaza Mayor. El Cocinero Mayor de la Alubiada ya está en su puesto, juntamente con los compañeros de La Tartera y los voluntarios ayudantes. Las viandas a punto de cocinarse, de confitarse para ser emplatadas en cazuelas de barro jiminiego. La Bañeza está a punto de ser una fiesta de homenaje a su alubia y a su Cocinero Mayor.

Una pizca de sal por aquí. Un chorrito de aceite por allá, pimentón, fritada, segundo plato, postre y una prueba de cuchara de madera que caliente la lengua (pero no la abrase). La mesa está puesta. Abrid el restaurante.

Enhorabuena, Paco.
 

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