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Estoy temblando, porque (y esto sí que parece el misterio de la Encarnación), a pesar de que las cifras dadas por los convocantes y la consejería de la Cosa de Castilla y León, no solo no coinciden (cosa normal, por otro lado), sino que han sacado a relucir otros parámetros, como son las consultas y operaciones, que en esta temporada de paros se han dejado de hacer, se han perdido. Y todo ello, a pesar de que el tanto por ciento de facultativos que ha atendido la demanda es mínimo. Creo recordar entre un dos y un siete por ciento, apuntado por la Junta de Castilla y León y el doble o triple, descrito por los sindicatos médicos.
He sido un manipulado más, y más de una vez, por estas cifras desmadradas durante mi vida profesional activa periodística, cada vez que había un conflicto de estas características en manifestaciones, concentraciones o asistentes a actos públicos, etc. Por eso, cuando pude, lo que hice fue contar y a fe que conseguí sacudirme la manipulación de cada uno de los bandos en litigio. Y cuando no era posible, aplicaba el artículo 33 de la ley de Murphy, o sea, a bulto y, al que Dios se la daba, San Pedro se la bendecía.
Porque vamos a ver, si hacemos caso al Ejecutivo Autonómico o a los propios convocantes, no me salen las cuentas de los miles y miles de actos médicos suspendidos, por los que se cuentan la 'juerga' de esta huelga, dado los escasos porcentajes publicados. O mucho trabajan y desenvuelven especialistas y cirujanos (aunque las listas de espera no avanzan entonces lo que tenían que avanzar) o aquí alguien se está escaqueando, y aunque parezca que está en activo, hace la pirula laboral.
Al final va a ser igual que aquello que me contaba un viejo trabajador de empresa 'Auto Salón' de León, hace unos años: "Fuimos Luís y yo a pedir trabajo a La Robla, le contamos al encargado los sitios y los años en los que habíamos trabajado y nos dijeron que ya nos avisarían. Cuando salimos de nuevo para León le dije a mi compañero, no nos van a dar el trabajo. Coño, ¿por qué?, me preguntó. Mira Luís, le dije, he estado contando los años que dijimos al encargado que nos atendió y tú tienes 88 y yo 93. Y a esa edad, no me jodas, que no estamos ni para pujar carretillos".
Fuera de bromas, esta 'juerga' entre la Junta y los médicos ha de acabar cuanto antes. Más que para que me puedan reparar a mí la ballesta derecha (que también), por el ridículo que a la postre van a hacer las dos posturas, cuando lleguen a un entendimiento, como ocurrió este fin de semana con la huelga de los funcionarios de Justicia, que después de dos meses y un follón, llegaron a entenderse, creo, que tampoco se sabe muy bien. A ver si ese ex alcalde de León (y su pacto cívico) echa bien las cuentas, por una vez en su vida, y atiende las exigencias de la mayoría, osease, los pacientes, a los que se nos está impacientando lo más divino.
¿No será más bonito que se sienten a dialogar y se pongan cada uno en su rincón, para que no haya que lamentar nuevas esperas (sobre otras antiguas) en los actos médicos? Y es que, aunque el ciudadano es al final quien más pierde en estos conflictos (legales y necesarios por otra parte), en el caso de la Sanidad se está jugando con su salud, a la vez que con su paciencia, sus dolores y su calidad de vida. Los médicos son unos profesionales como otros y tienen que mirar por sus intereses. Y el consejero sanitario de la Junta de Castilla y León ha de ponerse las pilas (que empiece a 'guisar' en compañía y no en 'solitario'), porque el presupuesto que gestiona (si es que lo quiere hacer bien), lo aportamos los sufrientes, estos divinos (im) pacientes, a los que se nos están empezando a inflamar (y no patológicamanete) algunas partes de nuestra anatomía. Mire usted, señor médico…, es que yo estoy muy malito.
