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Hace varios años, vi este mismo slogan en una pequeña empresa en La Bañeza, de cuyo nombre ni me acuerdo ni viene al caso y me llamó la atención. Sobre todo, conociendo el percal que se cocía. Pero no dejaba de ser una frase cargada de buenas intenciones y apuestas de profesionalidad, que daba el talante de los responsables de la misma.
Viene esto a colación cuando ya la campaña electoral está a punto de concluir, o concluida como quien dice. Hoy mismo escuchaba unas declaraciones del presidente de los empresarios de Madrid que decía que el futuro presidente, apostando ya en esos momentos por Rajoy, tendría que ser más virgen de Lourdes que presidente de España, porque lo que le venía encima era para tener que hacer milagros un día sí y otro también.
Cuando escribo esta columna aún no se sabe aún a ciencia cierta si el futuro presidente va a ser el tío Rajoy o el tío Rubalcaba. Porque estaba aún por certificar la última y definitiva encuesta que es la jornada electoral. Y aunque todas las encuestas publicadas por los periódicos y otros medios de comunicación dan una victoria aplastante a Rajoy, permítaseme que siga poniendo futuro presidente porque, ya dicen los sabios, que las encuestas las carga el diablo y las descarga la democracia.
O sea, que si hacen caso mío los tecnócratas del futuro presidente, debían ponerse en contacto con esta empresa vizcaína, con el fin de informarse de cómo es hace eso de los imposibles los hacemos al instante y los milagros tardamos un poco más. Porque les va a hacer falta más un milagro para intentar desatascar el carro de la economía, del empleo, de la credibilidad, de la solvencia, de la confianza, de la prima de riesgo despendolada (será puta esta prima)… Un carro imposible atascado durante los últimos años y que cada vez que el tío Zapatero intentaba sacarlo del atolladero las ruedas hacía el afilador como un coche sobre una pista de hielo que quiere iniciar la salida de la carretera de la crisis.
He sido consecuente con mi filosofía de no hablar mucho de elecciones para no inclinar la balanza del último resultado a un lado o a otro (uno sigue pensando que tiene aún esa influencia, cuitadín). Pero el futuro presidente salido de las urnas del 20 de noviembre tiene ante sí cosas imposibles y, la mayoría, para encarpetar en el apartado de milagros, que diría la empresa de Baracaldo.
Que Dios nos coja confesados. Las cosas imposibles podrán sacarlas al instante, o casi. Pero los milagros, la gran mayoría, tendrán que llevar el sello de la incredulidad de los sindicatos de todas las actividades habidas y por haber. Unos sindicatos que ya preparan sus pancartas de ateos convencidos de soluciones inmediatas, después de haber estado hibernando sin mover ni un músculo en los últimos tres años, mientras caían en el bombo del desempleo fichas y fichas de salidas imposibles por la ranura de las bolas.
Pobre del futuro presidente que le haya tocado en suerte el recuento de los votos. A pesar de que tanto uno como otro candidato han estado diciendo en los últimos meses que ellos tenían la solución. Pobrines. O a lo peor es que ya saben muy bien lo de la nominación de la empresa bilbaína; Las cosas imposibles las hacemos al instante, los milagros…, ay los milagros, tardamos un poco más. Le tendré presente en mis oraciones: “Ad Deum qui letifica juventutem meam.
Joder Patxi, como sois los de Bilbao a un lao.
