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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Los pactos no comen el turrón
Los últimos años de cada mandato o legislatura...
12/11/2010
CON VENTANAS A LA CALLE
...nunca fueron propicios para los pactos firmados tres años atrás. Y el último trimestre de este año y lo que queda hasta mayo del próximo 2011 corresponde a ese último año de un mandato que comenzó con los resultados de los comicios locales y regionales, celebrados allá por el mes de mayo del 2007.

No, no son buenos esos últimos años. De momento, ya empiezan las escaramuzas en el equipo de gobierno del Consistorio de la capital de la provincia, compuesto en este último trienio por gentes del Partido Socialista y de la Unión del Pueblo Leonés. Sólo de momento, aunque sea por una nimiedad como es el parque infantil, denominado ‘Pocoyó’, en las inmediaciones del paseo de Papalaguinda. ¡Ay Dios!

Con la de cosas que se han proyectado, ejecutado y hastiado a los vecinos y visitantes durante estos tres años pasados y ni dios ha levantado la voz en el equipo de gobierno. Los vecinos están hasta el gorro de las ficticias obras para poner en marcha un tranvía o los eternos trabajos del cruce de Michaisa, con desvíos a medio señalizar que más de uno acabó en las antiguas instalaciones del mercado de ganados o en la vieja carretera de Asturias. Sobre todo, si se echaba la noche encima y unos conos cabrones te hacían circular hacia destinos inciertos, desconocidos y no queridos.

Y si los vecinos de León estaban hasta la peineta, no saben esos politicastros pactantes la putada que era para los visitantes.  Una noche en enero, de lluvia incesante, con rachas de nieve al bies, tuve que ir a buscar a un cuñado mío que se había enredado entre calles y caminos de Vilecha y le era imposible sacar el coche del laberinto en el que los conos cabrones le habían guiado.

No, no señor, ni dios levantó la voz, la vez y la palabra entre los políticos pactantes gubernativos municipales para frenar el peripatético cambio del mercado semanal, pasando del paseo de la Facultad a un descampado, al otro lado del río, donde la chatarra y las ratas se habían hermanado durante muchísimos años. O el estado en el que quedaron los parques durante varios años, después de la despedida en masa de los empleados de jardines.

No coño, no señor. Tuvo que ser el colocar los juegos infantiles del denominado parque de ‘Pocoyó’, para que el tío Chamorro empezara a cabrearse con el regidor Paco, porque, al parecer, no estaba en el proyecto de descostrucción de lo anterior y a una protesta de la oposición, que creía peligrosa su ubicación.

Es loable el interés de la UPL, chinchada por el PP. Pero no. Que nadie le eche la culpa al ‘Pocoyó’, simplemente es que se empiezan a acercar las elecciones y había que sacar las tarjetas amarillas y rojas para que el pacto (¿cívico? A no, ese fue hace un cuarto de siglo). Porque ya lo habían visto meses atrás con el tripartito catalán y lo que hasta ahora ha sido vida y dulzura, empezará a ser pecado mortal.

Ya se han meneado también las sillas en el pacto (también PSOE-UPL) en el municipio maragato de Val de San Lorenzo. Habrá que estar atentos a la amalgama de siglas en el ayuntamiento del alfoz en Villaquilambre, que estos días han comenzado a hacer  ejercicios de calentamiento para que salte en pedazos lo pactado. No quiero pensar mal en un Consistorio vecino, como es el de  Astorga (también PSOE-UPL), Dios me libre.

Podría seguir. Porque aunque ya estoy fuera del círculo del periodismo activo, me gusta seguir la vida de pipas y caramelos de la política provincial, de la política local. Pero ya digo, los pactos, en el último año del mandato, de la legislatura, casi nunca llegan a comer el turrón de la Navidad, en amistad y buena armonía.

Porque, lo cierto es que también es muy difícil entrar en precampaña (y no te digo nada en campaña) electoral y comenzar a contar mentiras (“por el mar corren las liebres, / por el monte las sardinas…”), levantar la bandera de las promesas, recibir a los prebostes de los respectivos partidos en los mítines, seguir contando más mentiras y más promesas, con música y toda la pesca, teniendo un lastre de pacto sin romper en el gobierno municipal.

Después llegarán las elecciones y lo electores que somos un tanto cabritos, volveremos a dejar a muchas corporaciones con el culo al aire de no sacar mayoría absoluta. Y tendrán que ponerse de nuevo las fantasías politicastras a imaginar, consensuar y constatar nuevos pactos para otros cuatro años (que serán tres). Y buena va, barbero, ¡Oye!

Vamos, digo yo. Que también.

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