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Tenía yo la tierna edad de 28 años cuando me ascendieron a Jefe de Dpto. Un día me llamó la señorita Chon (que no era china), supersecretaria del superjefe alemán señor Kaufmann, y me dijo: «Le enviaremos un joven inexperto, brillantemente licenciado en Ciencias Económicas, capee usted el temporal lo mejor que pueda, pues es hijo de nuestro distribuidor en Zaragoza, a ver si consigue que aprenda y, sobre todo, que no interfiera mucho en la actividad diaria.» El plan del licenciado era pasar un par de meses en cada departamento, como una esponja, con el loable objetivo de adquirir experiencia (conocimiento teórico se le suponía) y, a corto plazo, elegir buen acomodo definitivo donde le gustara más. Con el vino la discordia al departamento, y pronto todos nos dimos cuenta del “ejemplar” que nos había tocado en mala suerte, pues el “inexperto aprendiz” se tenía mucha autoestima, y le encantaba mandar. Tanto le gustaba el ordeno y mando que en sólo cuatro días empezó a considerarse el “segundo de a bordo”, a querer “despachar” directamente conmigo, sin respetar el orden jerárquico, haciendo de menos a la amable y diligente Esperanza, Oficial de 1ª, muy servicial y efectiva, que fracasó estrepitosamente sin conseguir hacerle entender y practicar el sabio y noble arte del archivo: «Archiva facturas con Isabel, mira como lo hace ella y que te vaya explicando…, luego, dentro de unos días, puedes ponerte a archivar la correspondencia…, ya verás los distintos apartados, en esos armarios están los archivadores, vete examinándolos…»
Era tan trabajador que, en un descuido imperdonable, entró él en el sagrado archivo y, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, ni a Esperanza, ni a nadie, consiguió abrir y “escoñar” hasta una docena de archivadores en un santi amén, con loable y meritorio esfuerzo sin duda, pues no utilizó para nada la palanquita de apertura, mecanismo que desconocía, acostumbrado como estaba a los bloc de anillas.
Todos se desvivían por enseñarle y complacerle, aunque, a veces, enseñar y complacer son cosas opuestas. Yo le insistía: «Preste usted atención a lo que hacen los compañeros, que son muy competentes. No pregunte por preguntar, pero tampoco tome iniciativas que no le correspondan. Estudie la documentación, y la correspondencia interior, entre departamentos, y exterior con todo el mundo… No hay mejor forma de conocer las “tripas” de una empresa que estudiando su correspondencia…» En fin, cosas elementales pero muy importantes que, desgraciadamente, no se practican en las facultades de económicas y empresariales, donde la gente sale bien titulada pero sin saber hacer la declaración de la renta (la de hace treinta años era bastante compleja).
Esto que cuento, esta batallita del abuelo Bouza Pol, viene a propósito del artículo «VARIETÉS» donde expuse con claridad meridiana algunos datos irrefutables de esa “gran capacidad intelectual” que exhiben algunos ilustres “catedráticos” de la política, que tienen el morro de llamarse de izquierdas.
Parece ser que doña Leire Pajín gana tres millones de pesetas todos los meses, y no es una excepción; lo cual supone dieciocho veces más que los “mileuristas” de las empresas privadas, siempre “puteados” y con un pie el la “rue”. ¡Viva pues la igualdad y la exquisita redistribución de la renta! ¿Cuánto ganará el trabajador incansable Cándido Méndez…, con su “impasible ademán” ante los 4,5 millones de parados (esta es la cifra real)?
Al señor Montilla se le debe criticar y descalificar por las cosas malas que haga, pero es una “demasié” estúpida, o estúpida “demasié”, señor César Vidal, intentar castigarle llamándole: «El Bachiller Montilla.» De igual manera me parecía una “descarrié” intentar humillar al señor Corcuera llamándole: «El electricista Ministro». Que un Bachiller sea Presidente de Cataluña y un electricista Ministro, son cosas que dicen mucho a favor de la democracia. Lo verdaderamente grave, perjudicial y espantoso son las barbaridades de los “catedráticos”, de esos “cum laude” a los que hay que echar de comer a parte. ¡Pobres estudiantes, alumnos del señor profesor universitario don Antonio Miguel Carmona, Economista, de la Ejecutiva del PSOE! ¿Qué podrán aprender los alumnos del señor Antón Losada? Lo que hunde a España y a la democracia no es que haya bachilleres inteligentes y bien preparados, sino que muchos “catedráticos” sean unos “mastuerzos”. ¡Menos mal que trabajan poco!
Juzguen ustedes, queridos lectores, esta frase del Catedrático señor López Garrido, excomunista que, siendo portavoz del PSOE, dijo el sábado 29-12-2007: «Estamos ante la legislatura más brillante de toda la Democracia.» Sí. Sí que lo dijo, y no lo corrieron a palos, ni lo echaron de la Universidad, ni la gente le niega el saludo, ni lo han incluido en el Guiness de los necios… No suponía él que, la siguiente, la siguiente legislatura, esta que acaba de empezar y lleva un año escaso, iba a superar la anterior con creces…, con muchas creces, de parados.
¡Que Dios nos libre de los tontos, pero si tuviéramos que soportarlos, por favor, que sean holgazanes, cuanto más holgazanes mejor…!
Y sin mando.
