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Esa transformación es un buen ejemplo del carácter de este equipo. Es una buena muestra del afán de superación que hace que los objetivos, aunque sean altos, se pueden lograr.
La victoria clara desde el 4-1 inicial, ante el Copenhague de Magnus Anderson, demuestra que la imagen ante el Kiel no fue un espejismo. Pero, sobre todo, refleja que, aunque los presupuestos no sean comparables, se puede estar a la altura. Es una cuestión de aunar estrategia, esfuerzo y ambición.
Esos ingredientes los posee el Ademar. Forma parte del ADN de muchos de sus jugadores, aunque, a veces, peca de indolencia ante rivales teóricamente más asequibles.
El sábado, tras el partido, el Ademar se acostó líder de su grupo (ya sé que el Kiel tiene dos partidos menos y el Copenhague uno). Es una gran noticia, más allá de un sensacional titular.
Es el momento de dar un 'golpe de timón'. El club marista debe empezar a creérselo. Sólo es cuestión de tiempo que encajen los jugadores y el sistema para, de ese modo, evitar la transformación que vimos la pasada semana.
En León se juega la Champions y ese mérito es del Ademar. Estar líder de su grupo, aunque sólo sea una jornada (recordemos hace unas semanas al Levante en fútbol), es mérito del Ademar. Llevar 4.000 espectadores a un espectáculo deportivo es mérito del Ademar. Los leoneses tienen, ahora, que devolverlo. Es momento de que administraciones, empresas, aficionados hagan méritos con el Ademar.