Jueves 09 de febrero de 2012 | Actualizado a las 11:09 h.
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Este pozano fue un “gran comunicador”, capaz no sólo de embelesar con sus historias a sus jóvenes amigos durante sus escapadas por la Cueva de la Verana, el Castillo de la villa o el Diapiro del Salero, sino también de convertirse en un “hito” en el despertar de la importancia del medio ambiente en la sociedad. Algo que hizo gracias a unos programas televisivos y radiofónicos que aún hoy son vigentes, ya que, según explica uno de sus mayores investigadores, Miguel Pou, “con un lenguaje sencillo conseguía explicar cosas muy profundas”.
No obstante, antes de que su nombre fuera conocido y traspasara fronteras, los primeros años de la vida de Félix estuvieron ya estrechamente ligados a la naturaleza. y es que antes de marchar interno al Colegio de los Sagrados Corazonistas de Vitoria en 1938, acompañaba en sus paseos a los pastores de pueblo, junto a sus dos amigos, aún vivos y residentes en Poza de la Sal, Policarpo de la Fuente y Antonio Sanjuanes, quienes recuerdan la figura “más humana” de este personaje.
Historias sobre lobos y meriendas en la cueva donde se refugiaban los amigos para huir de las broncas de los vecinos del pueblo rodeaban la vida de Félix, que también fue niño, y como tal, algunos de sus vecinos recuerdan sus ‘gamberradas’. Unos actos que con el paso del tiempo ayudarían a configurar una personalidad ‘ecológica’.
Un aspecto, que tal y como subraya el técnico del Área de Cultura del Ayuntamiento de la localidad, Jesús Fernández, se verá reflejado en una de las actividades puestas en marcha por esta localidad de cara al verano, un recorrido denominado ‘Tras las huellas de Félix’, y en el que se abordarán los aspectos más humanos de uno de los vecinos más ilustres y queridos de esta villa burebana, en la que varias esculturas le recuerdan.
Tras vivir en Vitoria, Félix pasó a estudiar en 1940 en el Colegio Maristas de Burgos, lugar que abandonaría en 1943 al trasladarse a Briviesca con su familia. Tres años más tarde, en 1946, comenzaría la carrera de Medicina en Valladolid. Así hablaba sobre este periodo de su vida este naturalista en una de sus entrevistas: “Cuando ya había acabado mi carrera de medicina y la especialidad de estomatólogo, mi familia se prometía muy feliz al pensar que iba a tener un hijo con bata blanca y con un cartel de dentista en una calle de Madrid, pero de pronto opte por dedicarme a las cosas de la naturaleza porque siempre he sido un soñador”.
La cetrería
Durante su estancia en Valladolid, Félix se interesó además por el arte de la cetrería. Un aspecto que aparece reflejado en el Espacio Medioambiental, ubicado en el conocido como edificio de Las Cebollas, en el centro histórico de la villa. Allí, Fernández, recuerda que dentro de esta faceta de amante de las aves, en la que vivió volcado de 1961 a 1965, Félix, que fue nombrado Cetrero Mayor de España, llegó incluso a asesorar a Sofía Loren durante el rodaje de ‘El Cid’, película en la que debía acoger en el puño un halcón sin asustarse.
Sin embargo, si hay algún animal con el que se asocie a esta figura de la ecología, ese es el lobo, ya que gracias a él y tras un ‘duro trabajo’, consiguió cambiar el concepto instaurado en la sociedad respecto a este animal. Y es que como remarca el técnico del área de cultura del ayuntamiento, “es muy difícil explicar a un pastor, al que el lobo come las ovejas, que éste no es un animal tan malo”.
La faceta más conocida
Según relata Benigno Varillas en su libro ‘Feliz Rodríguez de la Fuente, su vida, mensaje de futuro’, que acaba de salir publicado, “el 21 de octubre de 1964 la foto de este naturalista se coló por debajo de la puerta de decenas de miles de hogares, bares y oficinas de Madrid, plasmada en el diario ABC”. Entonces era alguien desconocido para la multitud, pero la curiosidad de muchos por descubrir quién era aquel que apareciera lanzando “energéticamente un halcón con las alas desplegadas hacia un infinito y agreste horizonte alcarreño”, se sació con su aparición en Televisión Española, durante tan sólo dos minutos en el espacio de Fin de Semana.
Fue así como comenzó su lanzamiento a los medios de comunicación, de los que se convertiría en protagonista, junto a los animales, en la serie de 18 documentales ecológicos ‘El Hombre y la Tierra’, que fue elaborada por un equipo de TVE durante la primavera de 1973.
El tiempo pasó y Félix siguió dedicado en la apuesta por valores como “la integridad y la nobleza que la naturaleza, correctamente entendida, transmite a la humanidad”, sostiene Miguel Pou. Una dedicación que se vio interrumpida el 14 de marzo de 1980, cuando la sociedad amaneció conmocionada porque “el español más importante que ha habido en los últimos tiempos”, murió de una manera trágica mientras realizaba aquello que más le gustaba hacer, trabajar en el medio ambiente.
Tres décadas después, los valores de cariño y respeto a la naturaleza, aún perviven, y la imagen en la que este burgalés deja acariciarse por un lobo sigue en la memoria de todos. Lo mismo sucede con su voz y los compases de la música que acompañaba a sus programas.
