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Desde que se puso en duda la eficacia del rescate a Grecia, y con Alemania encabezando a los países que no tenían claro comprometer la ayuda, el efecto contagio a los países periféricos ha sido automática y el incendio en la Zona Euro inmediato e incluso descontrolado. Las autoridades monetarias europeas han visto como en horas, se disparaban las rentabilidades de la deuda, caían las bolsas y se debilitaba el euro.
El incendio también se trasladaba a EE.UU., aunque en menor medida, encontrándose como telón de fondo de la crisis, el problema de la deuda soberana de todos los gobiernos occidentales y su capacidad para hacerle frente, al tiempo que ir reduciéndola.
Con todo este panorama de incertidumbres y desconciertos, los especuladores han aprovechado para atacar a los países más débiles, invirtiendo con posiciones cortas, es decir bajistas, provocando con ello mayores caídas y volatilidad. Lo cierto es que los especuladores no son delincuentes, trabajan dentro de una operativa en los mercados de capitales, haciendo sus arriesgadas apuestas, en las que hay ocasiones en la que ganan y otras en las que pierden, e incluso se arruinan. Son las reglas del mercado, y si alguien quiere cambiarlas, para eso está la legislación con sus posibles modificaciones.
Ante la situación tan tensa que se estaba viviendo y ante el descontrol que se estaba provocando, la Unión Europea decidió en fin de semana, y con los mercados de capitales cerrados, aprobar un fondo de rescate con unos 750.000 millones de euros para hacer frente al pago de la deuda de los países que lo pudiesen necesitar. Con ello se consiguió frenar el miedo que se había instalado en el mercado, pero ahora queda que los países con graves problemas fiscales, pongan en marcha cuanto antes sus planes de ajustes y reducción de los déficit públicos. Como sabemos, España encabeza la lista de países que más trabajo tienen por delante, porque aunque ha presentado un importante recorte de gastos al congelar pensiones, bajar sueldos de los funcionarios, así como otros gastos sociales, lo cierto es que no va a ser suficiente y el mercado pedirá aún más sacrificios.
En estas últimas semanas, en las que la urgencia en la toma de decisiones, ha puesto en duda la idoneidad de las mismas, ya muchos hablan de las lecciones que hay que aprender de todo lo que está pasando. Ahora cada uno decidirá de quien aprende las lecciones, si de los que han hecho las cosas bien o de los que las han hecho mal. Lo que ha quedado de manifiesto es que los mercados financieros, con su aversión a las incertidumbres y su rapidez en poner contra las cuerdas a quienes las provocan, han demostrado una vez más, su capacidad para provocar cambios que de otra manera no se producirían. España tiene mucho que agradecerles, dado que la fuerte presión de las últimas semanas, ha conseguido las reformas que nadie había logrado hasta ahora. Ha llegado la hora de los recortes, de los sacrificios y de las privaciones. Este es el primer paso para que España salga de la precaria situación en la que se encuentra, ahora faltan las reformas que nos ayuden a recuperar competitividad y prestigio internacional. Llevará mucho tiempo, pero al menos por fin vamos por el camino correcto.
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