Viernes 10 de febrero de 2012 | Actualizado a las 22:16 h.
Enamorados
«Galletas de San Valentín, un dulce perfecto para el 14 de febrero»
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Pero, ¡ay salado!, de un tiempo a esta parte, esos buenos amigos que creía iban a seguir defendiendo a diestro y siniestro, contra el babor y el estribor de la política provincial y regional (en este caso la nacional ya bastante tiene para los dos bandos, como para meterse en este berenjenal aljeño), se han subido al carro de la estupidez, sin encomendarse a San Esparaván del Valle, camino del terraplén de la horterada y el exhibicionismo, cambiando de alcalde entre el equipo de gobierno para que toda la candidatura (o casi) pueda lucir el bastón de mando en bodas, banquetes, bautizos, comuniones y procesiones.
Me explico, hace ocho o nueves meses (todo un embarazo y parto de nalgas), José Antonio Prieto, aduciendo motivos personales, dimitió del cargo de corregidor, recogiendo la antorcha su teniente alcalde, Luís Gómez Villaboa. Nada que objetar. Pero lo cierto es que quedaba firmando un pacto entre caballeretes gobernantes, para que al final del mencionado embarazo, pusiera su trasero en la poltrona del Consistorio de Alija, el siguiente concejal en la candidatura, como pago a los merecimientos cazurros innombrables de haber accedido a la política municipal.
Sin embargo, el siguiente en la lista, como decía un buen amigo mío, Policarpo Navarro Sánchez, cuando llegó de nuevo la época democrática “ese es muy bruto para alcalde, aunque nos puede valer para concejal”, y va a dejar pasar la zorra para que recoja el bastón de alcalde el de más atrás. Todo ello en un proceso de cambio ideológico (es un decir). Ya que durante una docena de años estos ediles pertenecieron al Partido Popular y, por desavenencias con la cúpula regional y provincial pepera, se pasaron con todas las armas y bagajes a ese carro de la basura (por los desechos políticos o residuos políticos desactivados que recoge) llamado UPL
Este despropósito me trae recuerdos de aquellos alcaldes que, durante 40 años, nombraron a dedo los gobernadores civiles, tras escuchar a sus asesores mediáticos (falangistas, gañanes de nueva riqueza y caciques) de los respectivos pueblos. Aquello, queridos ediles del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Alija del Infantado ya pasó a la historia (a Dios gracias).
Desaparecieron los gobernadores civiles o cambiaron su nomenclatura por el de subdelegados del Gobierno. Yo no sé (porque todo está cambiando muy deprisa en el Derecho Administrativo) si ahora pintan algo estos subdelegados, para meter mano en un despropósito caciquil como el que están a punto de llevar a cabo los mandamases alijeños. Desde luego, no veo a Paco Álvarez cogiendo la estaca para poner en su sitio al alcalde y sus ediles. Más que nada para que la nota que están dando con el anuncio, a ejecutarlo en el mes de septiembre, se diluya en el pentagrama del canto de jurru, en el antruejo de Alija.
Pero todo se andará. Que San Esteban y San Verísimo, las dos advocaciones de las respectivas iglesias del pueblo, nos cojan confesados. Porque esto de ser alcalde es mucho más serio de lo que el equipo de gobierno municipal de Alija del Infantado cree entender. Aunque, a lo peor, se dieron cuenta (algo tarde ya, ¿no creen?) de que como decía mi amigo Policarpo Navarro Sánchez: “son muy burros para alcaldes, aunque pueden valer para concejales”. Lo mismo sí.
