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Pero me jode, perdón, enerva, de verdad, ver a cualquiera enredado en esas celestiales congojas, por más –obvio espero que sea y por ello se tenga- que en nada comparta su contenido. Pensé en un primer momento intentar procurarle consuelo y, si acaso, que hay caso, fraterna corrección ad pedem litterae. Pero ¡anda!, eso sí que sería eterna tarea, y mediado ando de tiempo ya.

Mas, aún así, no podía dejarlo, dejarte, Bouza en esa inquietud y mira por dónde, me visitó la suerte. Sabía que lo había leído y no recordaba en dónde. Paso página a mi lectura actual –nada recomendable para ti, cosas de un descreído- y allí me lo encuentro. A mi me da risa, después de pena, claro, pero a ti, hombre razonable y de buena y larga fe, que te dices, seguro te sirve. Te lo reproduzco, porque te llegue pronto y no me sufras más, que no lo soporto. Dice así:

“¿Y han quedado vencidos esos enemigos (liberalismo, judaísmo y masonería) con la gran Cruzada?”. “Con la gran Cruzada esos enemigos han quedado vencidos, pero no aniquilados; y ahora, como sabandijas ponzoñosas, escóndense en mechinales inmundos para seguir desde las sombras arrojando su baba y envenenando el ambiente -(todo, aún no era medio)-, o atraer incautos con ayes lastimeros y cantos de sirena, principalmente la masonería, que es como la nodriza de todos ellos”.
Ahí lo tienes Antonio, y para que te sirva de mejor y más cotidiano consuelo a tus tribulaciones, te diré que pertenece al Catecismo patriótico español, Salamanca, 1939, 3ª edición. Pero no sufras por la edición, “Este libro fue declarado de texto para las escuelas por Orden del Ministerio de Educación Nacional de 1º de Marzo de 1939”, y lo encontrarás reeditado por Península en 2003, con prólogo de Hilari Ragner. Ahora, eso sí, no se te ocurra ir dándonos su doctrina, en sí, adaptada o incluso adúlterada, en pequeñas diócesis, digo, dosis. Eso ni siendo agnóstico y más, como es el caso de una servidora, habría dios que lo resistiera.
Pero también te diré, para que perseveres en tu fe y no entre en ti la duda, que yo por mor de tu artículo y este fortuito encuentro he recobrado, en parte, la mía. Pero en el género humano, porque, que después de escribir y enseñar tales cosas –setenta años de nada- estemos donde estamos, la verdad, el hecho, en sí, incluidas todas sus inperfecciones, me parece un milagro. A ver si se os está cambiando de bando el amparo, el nombre que tanto usáis en vano.
Y nada más, que el tiempo corre que es un primor. Así que tú, a tus cruzadas, y yo, como ya dije alguna vez, a ver si encuentro refugio y salvación, no eterna, en un mágico cruzado.
