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¿Qué, cómo se os ha quedado el cuerpo?. Pero, tranquis, coleguis, porque estas apocalípticas consideraciones no se refieren a la gripe porcina de los cojones, no, sino que lo decían los sabiondos sanitarios del mundo allá por 2005 y se referían a la mierda esa de la gripe aviar, que nos iba a mandar a tomar por el culo a todos, pero lamentablemente se quedó en menos que un estornudo.
Lo más espeluznante es que la Organización Mundial de la Salud, OMS, vuelve ahora sus ojos paranoicos hacia la gripe porcina, gripe A, gripe mejicana o gripe americana o la hostia en verso, que también es menos que un estornudo, mientras pasa como de la mierda (olímpicamente) de las otras lacras de verdad letales, verbigracia del paludismo (malaria). Y ello pese a que la propia OMS, en el primer párrafo de su informe mundial sobre esta enfermedad, dice: “En 2006 se registraron según las estimaciones unos 247 millones de casos de malaria entre 3.300 millones de personas en riesgo, produciéndose como resultado casi un millón de muertes, principalmente de menores de cinco años. En 2008 había 109 países con malaria endémica, 45 de ellos en la región de África de la OMS”. Sin embargo, la OMS prefiere dilapidar el dinero y el esfuerzo en una enfermedad inventada antes que en luchar contra el paludismo, porque, al fin y al cabo, el paludismo sólo mata miserables. Ni materialismo dialéctico ni hostias, aquí la única dialéctica es la que se da entre el paludismo y el palurdismo (que son un huevo colgando y otro lo mismo).
(¡Atención!: Este mensaje no debería tomarse en vano)
Ya se está viendo que con la gripe porcina va a pasar lo mismo que pasó con la gripe aviar y con las vacas locas, o sea, nada. Es el cuento de Pedro y el lobo: ¿por qué ahora sí tenemos que creer a los mismos científicos que reiteradamente han demostrado su sobrada incapacidad predictora?. Y para seguir con la misma reflexión, ¿por qué tenemos ahora que confiar en las recetas que, para salir de la crisis, vocean los mismos políticos y economistas que en su día no se enteraron de nada y jamás dieron una sola voz de alarma de que esto podía pasar?
¿Quieren más?, ‘no problem’. ¿Cuántas veces se nos ha dicho que las estaciones de esquí de cotas inferiores a los 2.000 ó 2.500 metros desaparecerían por culpa del Cambio Climático?. La respuesta es casi infinitas. Pues bien, reproduzco un párrafo referido a la estación de esquí de San Isidro, publicado en un periódico asturiano que se llama la Nueva España (un oxímoron como tantos otros, porque España nunca fue nueva, siempre fue vieja, casposa y desdentada y ahora más que nunca o, por lo menos, tanto como siempre): “A la espera de que la Diputación de León haga público el número exacto de usuarios, lo que es irrefutable es el récord de duración de la temporada, con 170 jornadas de apertura con nieve en las instalaciones: desde el 15 de noviembre hasta el día de ayer”. Y así en toda Europa.
Menos mal que se iba a acabar la nieve y el Polo Norte se iba a derretir en 2010 y cosas así. ¿Qué pensarán ahora los vecinos y potenciales beneficiarios de la estación de San Glorio, que echaron atrás los tribunales con el argumento (siempre según esa biblia pija e indocumentada que es El País) de que el cambio climático impediría su viabilidad?
Cuando a la Humanidad le sobrevenga una verdadera catástrofe, entonces nadie se dará cuenta, y si alguien la predice lo llamarán loco. Siempre fue así y siempre lo será. Así que no sé para qué mierdas queremos políticos, economistas, ejecutivos agresivos y gente tan engominada y pagada de sí misma, si luego, cuando los necesitas, son las ratas que primero abandonan el barco.
Por eso juzgo harto interesante la pegatina que el otro día me encontré estampada en una pared de granito. Yo no diría que el mensaje que encierra es un exabrupto, sino que, por lo menos, lo sometería a consideración para analizar la conveniencia de ponerlo en práctica de forma literal.
