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Hasta que descubrí el obstáculo: Un cantamañanas ebrio en superlativo que llevaba la misma dirección que yo. Pero marcha atrás y al relentín. Bajé del coche, después de poner las intermitencias de emergencia (mi coche ya las tenía de fábrica en aquel entonces) y le espeté: "Joder, ¿qué haces?, ¿no ves que nos pudimos haber matado?", le grité después de haber reconocido al personaje en todo su esplendor.
Se disculpó el ínclito y me explicó, con lengua entrecortada, que había estado en un puticlub de los que entonces serpenteaban la mencionada carretera, "y al salir, me habían robado el acelerador y todas las marchas adelante", me susurró con una sonrisa. "Mecagüen el santo que anda a la noria. Vamos a aparcar el coche en este camino, te llevo a casa y mañana vienes con un mecánico", resolví sobre la marcha.
Me viene a la memoria el incidente de aquel flete, paisano mío, que unos meses después se estrelló contra el puente viejo de hierro de Requejo, a la entrada de La Bañeza, al coger el camino equivocado y no acordarse de que ya se había construido uno nuevo, cuando escucho la verborrea de nuestro querido, y nunca bien ponderado, presidente Zapatero, anunciando ("anuntio vobis"), no sé cuantas medidas para paliar la desaceleración económica que nos invade.
Creo que José Luís, que siempre fue moderado en el beber, está más borracho que aquel paisano mío, a la salida del puticlub. ¿Desaceleración?... No tío, a él también le han robado el acelerador, el freno de mano y las marchas adelante y no tiene salero a enfrentarse con toda la que está cayendo. Con el agravante de que a su conductor de Economía Solbes, lo está haciendo conducir de noche, marcha atrás y sin solvencia, por la carretera de la ruina, la quiebra y el no llegar a fin del mediomés.
Eso, en la vida de pipas y caramelos del quehacer diario, se llama recesión. Una palabra que viene del verbo latino recedo, recessi, recessum, que significaba retroceder, retirarse, ir marcha atrás. Y, encima, desacelerado. Lo de crisis es otra cosa. Es un cambio brusco, una mutación importante, una curva peligrosa y nuestro presidente ZP es enemigo de estas cosas.
Pero la recesión económica no hay quien se la quite de encima a Zapatero, por muchos parches 'sor Virginia' que le pongan sus filólogos de cabecera. La primera prueba la dieron los camioneros y pescadores. Después los taxistas. Ahora los agricultores y ganaderos. Después serán las gentes del ladrillo. Todos, ¡oiga! Hasta el Gobernador del Banco de España ya ha avisado que como no nos andemos con cuidado, los pensionistas nos quedaremos sin la sopa boba que hemos estado pagando durante 40 años o más.
Pero los que conocemos al presidente Rodríguez Zapatero desde hace muchos años, sabemos que es muy difícil que dé su brazo a torcer. Este encantador de culebras es capaz de seguir montado en la burra, mientras el camino se va estrechando en todo lo tocante a lo económico para las gentes de a pie (y de coche cuesta arriba y desacelerado) y siga diciendo que no pasa nada, que estamos preparados para afrontar esto y más, que lo que pasa es que no sabemos ver la botella medio llena. Y es que al final, se la ha bebido él y sus chic@s. Que esa es otra. Porque de otra forma no puede ser.
Termino con otra anécdota de aquel paisano mío de el principio. Allá, por finales de la década de los 60 del pasado siglo (cómo suena esto, oye), empezaron a llegar los primeros coches con frenos de disco. Una conocida marca estampó en el cristal trasero el lema publicista aquel de 'Atención, frenos de disco'. El bueno de mi compadre no anduvo con medias tintas y en su viejo Simca 1000 estampó en letras de molde, recortadas de cabeceras de periódico, el profiláctico publicitario de 'Atención, frenos de pena'. Que también se lo podría apropiar don ZP. ¡Joder, con el flete!
