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Me sacudo las lagañas, / me lavo desperezado, / que casi me da un soponcio / al recordar lo soñado. / Aunque recuerdo aquel tiempo, / un tiempo ya muy pasado, / en el que corrimos todos / el carnaval bañezano, / pasado por catacumbas / y carámbanos de palo, / con multas que suponían / un día de tres al cuarto. / Después llego la templanza / de prohibiciones al canto / y de invierno fue la fiesta / del carnaval bañezano.
Salimos en desbandada / sin componer un rebaño, / haciendo números sueltos / que a la poli eran engaño, / si el disfraz era de cura / o militar retirado. / Y se murió aquel caudillo, / aquel caudillo tan malo, / disfrazándolo de bueno, / con un clavel en la mano. / Y llegaron los desfiles / y el desmadre padre, hermano / y la noche de las brujas / y las chispas en las manos / y las musas y tranquilos / y otros inventos salados. / Y el carnaval ya fue libre, / el carnaval bañezano, / con entierro de sardina / y sátiras como cantos.
Enseñamos esta fiestas / a otros vecinos hermanos, / que tuvieron que sacar / el talonario pagano, / para poder potenciar / los carnavales foráneos. / ¡Ay fiesta de carnaval!, / del carnaval bañezano, / imitar te quieren todos, / mas imitación en vano, / que nosotros lo heredamos / de nuestros antepasados, / allá por el siglo X, / hace ya más de mil años, / cuando apenas había pueblo, / sólo un medieval mercado.
El programa se prolonga / en actos todos paganos, / con carreras y desfiles / y karaokes cantados / y monólogos de viernes, / estancos engalanados, / números todos sueltos / de personajes atados. / A Bécares le inauguran / una docena de actos, / desde la ‘Plaza Menor’ / al ‘casino mercadiano’, / desde el traje Carvajal / al Pérez viejo teatro; / que tiene mil caras siempre / preparadas cada año.
Hay un juglar pregonero / Crispín D’Olot, bañezano, / que moderará la fiesta, / si es que se modera algo. / La charanga de La Charra / canta a Lolo un memorando, / a la rubia policía / y al carnaval desgranado / Y el alcalde explicará, / el alcalde disfrazado, / que ya no hay gobernador / ni caudillos de los malos, / que ha llegado ya la hora / del carnaval bañezano.
Son diez días de locura, / del doce al veinte este año / y si se encierra la crisis / en un baúl muy pesado / en el año venidero / se doblarán estos actos. / Porque aunque no haya Plan E / habrá elecciones en mayo / y los partidos querrán / ser estirados de manos. / Es el nuevo carnaval / de ayuntamiento pagano, / al menos música y gaitas, / que el resto no es nada caro, / la libertad no se compra / y no se paga ni a plazos.
Y me vuelvo a dormitar / y a soñar, terror insano, / de pesadillas y sustos / de prohibiciones de antaño. / ¡Ay Polín!, despierta, coño / que el carnaval ya ha empezado. / Sacúdete las lagañas / de pesadillas y engaños. / Enciende las fantasías, / viste tu disfraz de paño, / aunque sea imaginario / por las penas de este año / que voy sorbiendo en silencio, / que voy soñando despacio.
¿Dicen que van a prohibir / el carnaval bañezano? / ‘amos, anda, venga ya’, / no lo creo ni borracho.
