Preparar para imprimir  Imprimir      Enviar por correo  Enviar por email         Cambiar tamaño de texto
OPINIÓN POR POLO FUERTES
¿Será posible tanta ignominia?
Desde hace casi dos años, he entrado en el apartado de la jubilación,...
18/03/2009
CON VENTANAS A LA CALLE
... después de haber esperado otros dos para sentarme en ese banquillo de una tercera juventud, en un por si acaso de que me fuera a aburrir como una higuera seca. Lástima. He perdido dos años de júbilo y he tenido que estudiar álgebra para poder rescatar en el IRPF una propina que el Estado había legislado para aquellos que, una vez cumplidos las 65 castañas, siguieran currando como si tal cosa. Y lo peor es que en el borrador de las declaraciones de la renta no aparecía la susodicha propina ni sus funcionarios había oído hablar de ella. Bueno, todo muy bien si bien ha terminado. Y bien terminó, coño.

Dicho esto para constatar que ya estoy inmerso en la nueva empresa de pago, como es la Seguridad Social, a la que llevaba más de 40 años cotizando, viene ahora el cabreo general que mis compañeros de júbilo (es un decir, ya que la jubilación como tal, siempre lo había dicho, tenía que establecerse a partir de los 25 años y nunca más tarde de los 45) estamos sufriendo un día sí otro también, viendo como nuestros hombres públicos, esos hombres que nos obligan a votar cada cuatro años en los distintos comicios, andan en boca de todos los periódicos (los de papel y los etéreos, osease, estos digitales), por culpa de corruptelas, de corrupciones, de travesuras de amplio espectro, derivadas del ansia de poder y dinero.

Hombres públicos, en el pleno significado de la palabra (por no decir, con toda claridad, prostitutos) que, tras recibir el estipendio público correspondiente, como parece ser que no tenían bastante, amarraban por otros cauces dinero sucio (“más limpio que lo está el sol”) para poder llegar a fin de mes. ¿Será posible tanta ignominia? No son todos. Deo gratias. Y hasta que no termine el proceso, todo cristo es inocente hasta que no se demuestre lo contrario.

Pero ahí están colgadas ya sus fotos en los carteles de la corrupción. La crisis parece tener estos efectos colaterales. Hace unos 20 años, cuando la crisis económica afectaba a las carteras de los proletarios, de los autónomos, de las empresas y teniendo todos que hacer equilibrios en el aire para poder llegar a fin de mes, para poder levar un alimento digno a la mesa, para poder salvar los muebles de la quiebra (como ahora), salieron a relucir los robos de los políticos. Sigo diciendo políticos sin poner el paraguas de las siglas en las que están apuntados, porque no se libran ni los de izquierdas ni los de derechas.

Fui testigo muy cercano, en el aspecto laboral periodístico, de las fechorías y carreras del entonces director general de la Guardia Civil, Luís Roldán, cuando ya con sus acusaciones en los talones hizo verdaderas filigranas para poder salvar los maletines cargados de sus vergüenzas dinerarias y se escapaba de tierras zamoranas de Mombuey, a través de una extensa finca de su suegro, por rutas portuguesas hacia sus escondites extranjeros. Sin olvidar lo de Filesa, Malesa, Time-Export y otras lindezas que atosigaron a los socialistas.

Ahora le ha tocado a los del PP en bloque (bueno, también hay alcaldes del PSOE, es que es la leche, oiga), porque un grupo de personajillos, de personajes de primera, segunda y tercera fila, de media polaina y de polaina entera, hicieron caso (y parece ser cobraron) de unos cantamañanas que presumían de tener amarrados los machos del partido, repartiendo dádivas dinerarias y en especias, para apropiarse de no sé cuantas adjudicaciones. ¿Será posible tanta ignominia?

No entro en las supuestas trapisondas de un juez estrella y de un ex ministro furtivo para tratar de hundir al mayor partido de la oposición. El tiempo dará y quitará razones. Pero lo cierto es que desde mi banquillo de la tercera de juventud, desde mi puesto de jubilado, con mi más o menos digna pensión ganada a pulso durante más de 40 años de cotización, veo, vemos (mis compañeros de edad y yo) esa ignominia de los hombres públicos que nos obligaron a votar en esta partitocracia, sin visos de solución a corto plazo, como el que oye llover. Sin contar ejecutivos de empresas privadas que están esperando que lleguen ayudas supermillonarias para repartir dividendos, imposibles de otra manera, por su mala gestión.

Hay que echarlos a la calle  y a la cárcel (y si la justicia lo estima oportuno, que esa es otra, devuelvan las cuantías, los cuartos de sus corruptelas). Después, si aún queda tiempo y ganas, pedirles explicaciones. Exigir a los políticos que se libren de la ignominia de la corrupción y pongan los medios para enderezar el barco de la economía, del empleo, para ponerlo de nuevo en marcha, en vez de estar sacando arihuelas de pan y circo para que nadie discuta o debata este tema. O, a lo peor, les va a ser más positivo, esperar que pase cuanto antes este cáliz de la amargura de la crisis, aunque por el camino queden los restos de los efectos colaterales. Porque los jubilados estamos empezando a cabrearnos y sabemos muy mucho de estos años de vacas flacas (muchos de ellos, en nuestra ya larga vida, de vacas muy flacas, como estos que nos tocan vivir ahora). Que lo sepan los que se están salvando de las quemas de la corrupción. “Cierren puertas y ventanas / de mi alcurnia y mi blasón, / que no ha de entrar, vive Dios, / por ellas quien nos estuviera / más limpio que lo está el sol…”. ¿Vale?

Más artículos del autor:
Compartir noticia:            
Preparar para imprimir  Imprimir      Enviar por correo  Enviar por email         Cambiar tamaño de texto
Todas las noticias
Todas las noticias
Diseño WebGrupoSolnet Powered by
SPC v2009 ®