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Me acuso, padre de desconocer los rincones de los andurriales peatonales de las ciudades en general, y de la mía (La Bañeza), en particular. Me he hecho cómodo, cargado de molicie para patear calles y plazas sin un fin determinado, a pesar de que las últimas corporaciones municipales habían puesto los precalentamientos necesarios, en forma de calles peatonales o semipeatonales, invitando a la pedrestrería.
Y ahora, tras una intervención quirúrgica del remo derecho inferior, mi rehabilitación se reduce a andar, cuanto más mejor, por ver la manera de recuperar el músculo dañado con el bisturí y a patear los rincones de mi pueblo, muchos de los cuales desconocía por nuevos, o por haber sufrido reestructuraciones e innovaciones serias.
Pero ello también me ha enseñado que ahora no todo es oro lo que reluce en las aceras de mi ciudad. El día que me ingresaron en la clínica para la operación, la mayor de mis nietas, Andrea, apelando a sus genes teatrales que ya le empiezan a aflorar, me dijo: "Te deseo mucha mierda, yayo". Pura inocencia de sus ocho años. Algo que yo agradecí como uno de los mejores deseos de mi familia y de mis amigos. El deseo teatral de mi nieta se está cumpliendo a la perfección, dada la rápida recuperación que estoy teniendo.
Sin embargo, mierda, lo que se dice mierda en condiciones, la estoy toreando un día sí y otro también, por algunas de las aceras por las que practico mi rehabilitación callejera. Mierda de perro que los dueños dejan impunemente en cualquiera de las sendas peatonales por las que este nuevo viandante transita. Y otros muchos, ¡oiga! Que está muy bien lo de las mascotas (así se llaman ahora a los animales de compañía), pero el que no quiera limpiar sus cacas que no las tenga. Mierda de perro y meado de bípedo (¿racional?). Que también es para mear y no echar ni gota. Los que nacimos al año siguiente de terminar la guerra incivil todavía nos acordamos de aquellos letreros de caracteres blancos sobre fondo azul que rezaban la leyenda de 'Prohibido verter aguas', hoy ya desaparecidos.
Sin embargo, visto lo visto, yo propondría al alcalde de mi pueblo y, a la sazón senador de la Cámara Alta Nacional, José Miguel Palazuelo que vuelva a rotular en algunas calles la prohibición, con nuevas leyendas, por supuesto: 'Prohibido verter aguas menores a los humanos y aguas mayores a los perros que no recojan sus dueños'. Y de paso, ordenar a los servicios de limpieza que den unas cuantas mangueradas de agua para limpiar de orines rincones en las más céntricas calles y plazas del casco urbano bañezano.
¡Ah!, y otra cosa, querido regidor de la muy noble ciudad bañezana, mande (más que ordene) revisar los andurriales de muchas de las aceras de La Bañeza, en lo más céntrico del casco urbano, porque un día va a haber una desgracia, en forma de torcedura de tobillos, caídas, tropiezos, dislocaciones, porque las obras de nuevas viviendas o de cableados y otros intríngulis las han dejado para el arrastre.
Que no solo van a ser circuitos que no se empiezan, habilitación de ríos para practicar piragüismo que se prometen y no se hacen, reaperturas de líneas férreas cerradas a cal y canto durante más de dos décadas y no se encuentran las llaves, reestructuración de la Plaza Mayor, requeteprometida por el consejero leonés de la sonrisa eterna, pero fu, arreglos de teatros que se eternizan, etcétera, etcétera, etcétera y mirar durante todo el mandato (no solo en campañas electorales) por las gentes de pie que, por una cosa o por otra, tenemos que recorrer aceras, rincones meados y circuitos de mierda de perro todos los días.
Por ello, me acuso, padre, de no haber paseado a pie en el último cuarto de siglo las ciudades. Pero ya que he empezado mi nueva andadura peatonal, que sea con todas las garantías de seguridad y sanitarias, para no tener que limpiarme los zapatos antes de entrar en casa o escoñado de nuevo por una caída. Coño.
