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La familia y los amigos siempre me han venido diciendo que defiendo las causas ajenas, y las colectivas, mucho mejor que las mías propias. Es posible que no les falte razón, pues es verdad que me cuesta mucho “dar la cara por mis asuntos personales”, y poco o nada el exponerla por los demás. Es una mala costumbre, sin duda, heredada y alentada por mi querido padre, Antonio Bouza, que siempre fue muy valiente optimista benefactor de todos, incluso a costa de su propio patrimonio.
«Si hablo mucho de mí tal vez sea porque me tengo manía…», escribí en el libro de cuentos «A orillas del Burbia», publicado en el año 2001. Si fuera yo como algunos dicen, un tío arriesgado, un verdadero provocador, me atrevería a poner aquí la cifra, la cantidad, el número de ejemplares (nunca mejor llamados) que se han comprado en Villafranca, mi pueblo, y en todo El Bierzo, sin apenas apoyo publicitario, sólo con la información directa e individual de persona a persona…
«No escondas tu éxito, Carlos, ni tu felicidad, que no está bien privar de alegría a los amigos, y menos aún de tristeza y sinsabor y berrinche a los que, sin motivo, se han erigido en tus enemigos», me dice, una y otra vez, un canónigo de la Santa Catedral más bonita y chula de España: La Pulchra Leonina.
Luego, en el 2006, salió mi libro «Picotazos liberales» con sus sesenta “marianos de cavia y gómez de la serna”. Son creaciones comprometidas, que apuestan por la verdad, por la independencia, por la sabiduría, por el conocimiento, sin partidismos, sin deberle ni pagarle nada a nadie. En ellos se puede comprobar (y se comprobará siempre) que Bouza Pol fue el mejor analista político, el único que acertó, una y otra vez, todas las elecciones locales, autonómica y generales; el primero en rescatar a los Reyes de León, como Alfonso VI, para poner tan esclarecidos personajes y su antiguo Reino donde deben estar para la historia; también un buen analista social que marchó en vanguardia y fue pionero, entrando en profundidad para analizar, criticar, y dar soluciones a temas tan delicados como la inmigración, la discriminación de la mujer, el islamismo, la guerra, el terrorismo, el nacionalismo separatista y otras muchas cuestiones políticas y sociales de gran enjundia. Y además el único analista económico en estos pagos capaz de razonar, con mucha antelación, lo que se nos venía encima.
Ya sabes que no tengo enemigos de consideración, Diosa del Cúa, ni odio ni envidia, porque esos son lujos menores que están al alcance de cualquiera, y yo soy un sibarita aficionado al lujo de los buenos sentimientos y detalles. ¡Líbreme, pues, La Virgen de la Encina de Ponferrada y el Santísimo Cristo de la Esperanza de Villafranca de las gentes «que piensan poco y cuando lo hacen piensan mal», porque de ellos es el reino de los infiernos…!
Ahora está en las librerías mi gran novela, mi obra maestra “La Diosa del Cúa”. Prepárense para recibirla con cariño y entusiasmo, pues son trescientas noventa y siete páginas maravillosas con la mejor historia romántica, de la que sólo puedo anticipar la contraportada:
«Han pasado más de cuarenta años y se atreve a llamarla:
―Hola, ¿eres Greta, la chica más guapa de Cacabelos…?
Ella sonríe, sorprendida, y contesta:
―Sí, de Cacabelos y de todo El Bierzo, exagerado… ¿quién eres…?
―Seguro que no te acuerdas de mí, soy Carlos, Carlos Boeza Horta, de Villafranca…
Y pasó lo que tenía que pasar…, por eso no consta, a ciencia cierta, fehacientemente, que la Virgen de la Encina de Ponferrada y el Cristo de la Esperanza de Villafranca quisieran evitar de verdad esta extraordinaria historia de amor tan romántica, tan fantástica, tan emocionante y sorprendente.
De esta suerte, Carlos se convertirá en un gran escritor y la enóloga Greta en la Diosa del Cúa. El destino, que siempre hace de las suyas, los llevará por Astorga, León, Valladolid, Majadahonda, Benidorm, Madrid.
¿Cómo es posible después de tantos años?
Gran historia de amor y mucho más… con final feliz o algo parecido…»
Con toda burbialidad.
