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Ahora que es tiempo de aceroles y regreso del mejor lugar del mundo, del Bierzo (no hacía falta decirlo pero…), a la capital del viejo Reino de León, el señor Corregidor, don Emilio, parece que sigue empeñado en “desfacer entuertos,” para poner orden, moderación y sosiego en esta hermosa ciudad que ya disfruta del mejor clima de España, donde la gente, en general, me quiere tanto como me ignoran sus ediles más cualificados: don Gutiérrez y don Fernández, que tienen cosas malas en común y entre ellas la peor: No han invertido veinte euros en adquirir mi maravillosa novela “La Diosa del Cúa”. ¿Qué va a ser de mí si además de la pobreza a la que me condenan no voy a poder andar por la calle en bañador, ni darles de comer a las palomas…?
Aunque ahora no me guste mucho escribir de política (antes sí, cuando todavía era un arte medio decente), ahora, digo, cuando las comparaciones pueden ser más odiosas que nunca, en aras del buen entendimiento general tengo que traer a Leonoticias.com el buen ejemplo que están dando a la “borreguería” don Carlos López Riesco y don Samuel Folgueral (que sí leyeron mi novela), protagonizando y viviendo una maravillosa historia de amor, de fidelidad, de compromiso y de complacencia mutua, algo tan mundano y a la vez tan “sobrenatural” que algunos incrédulos ya califican de “escandalosa luna de miel”, en la cual don Santiago Macías, el de la memoria histórica, parece que disfruta haciendo de animador y de palmero. Ya no hay denuncias en el Aytº. de Ponferrada, ni críticas, ni insultos: todo es amor y mucho gozo, por “el interés te quiero Andrés”, pero, al fin y al cabo, cogiditos de la mano van a todas partes… Y siendo así en Ponferrada ¿por qué no puede serlo también en León…? y dejar así descolocadas a todas esas personas malas y exageradas que dicen que el señor Rodríguez Zapatero y su “mariachi” no lo hacen peor porque no saben…
Acabo de regresar y tengo mucho “trabajo” (gusto) acumulado, cientos de anotaciones, de frases, que debo ir sacando a la luz de tus hermosos ojazos garzos, Diosa del Cúa, que pronto disfrutarás de una Segunda Edición. Ya sabes: «No me gusta la mar, por muy salada que sea», que: «Las ventanas de mi casa son muy pequeñas, cuando pasan las chicas guapas apenas tengo tiempo de verlas…»
En fin, amigos, aunque todavía no me he curado del mal de altura (504 metros Villafranca y 893 León), puedo preguntar, y pregunto: ¿Cómo andan ustedes de amor, de ilusión, de nostalgia, de entusiasmo, de tristeza, de pena, de alegría….? ¿Conocen algún sistema, aparato científico, o medidor fiable, que pueda decirme si tengo diecisiete unidades de melancolía, o cuarenta grados de ansiedad, o nueve y medio de prepotencia y chulería…? ¿Cuál es la unidad de medida del estupor, de la desconfianza, del abatimiento…? Quizá nos pueda contestar la poeta berciana Pilar Blanco Díaz, que escribió: «Dos mirlos, una brisa, tres nubes, dos mil besos de sol. Esta tarde de domingo tan bella que hace daño. A veces no hace falta más. Y la melancolía se encuentra las ventanas cerradas. Aunque arañe el cristal hoy no entra».
Quiero ser malo, de verdad que lo intento, pero no puedo, me resulta imposible, mi bondad me supera, es muy superior a mí. No obstante, hago un gran esfuerzo y digo: «Sospecho, Pilar, que al ser de letras (¿puras?) no has sabido contar bien…»
De todos modos: «No se conoce al pájaro por una sola pluma ni al escritor por un solo libro».
Es tiempo de aceroles.
Con toda burbialidad.
