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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Un Óscar en la amistad
Yo sé muy bien, amigo Óscar Campillo Madrigal que esta columna va a sobrepasar con creces...
26/01/2009
CON VENTANAS A LA CALLE
...la raya de pudor que siempre ha presidido tu vida profesional. Lo sé y lo siento, pero no me queda otro remedio. Cuando descolgué el teléfono para felicitarte por tu nombramiento como director general de la nueva Televisión de Castilla y León camino de lo terrestre y digital (TDT), me acordé de los óscares cinematográficos que dentro de unas semanas entregará la academia de cine norteamericana y presumí para mis adentros (y para mis afueras) de tener un Óscar (de carne y hueso) en amistad.

Sentías en aquel momento sensaciones encontradas de satisfacción y tristeza, "porque sabes muy bien, amigo Polo, que me cuesta dejar amigos y compañeros que hemos trabajado codo con codo en los últimos años". Claro que lo sé, amigo Óscar. Aún recuerdo aquella memorable cena de despedida de La Crónica de León, cuando marchabas camino de Valladolid, en el que tu intervención se lleno de contadas de diez, para enjugar las emociones ("y encima, el cabrón de Polo se descuelga con esos versos que llevaré siempre en el alma, allá donde esté").

He tenido mucha suerte de tener en las vitrinas del corazón un Óscar a la amistad. Una amistad que se forjó en la fragua de las estrecheces, de las carencias, del trabajo duro y sin reservas, de la ilusión por un periódico en el que creímos un buen grupo de leoneses. Eran duras las discusiones de la mesa de redacción de primera hora, cuando tenías señalados con trazos rojos las meteduras de pata respectivas de cada uno de los jefes de equipo. Era muy duro volver a empezar cada día una nueva aventura para confeccionar un más que digno periódico diario, repartiendo las escasas o nulas herramientas con las que contabas. Y siempre escuchando ideas, iniciativas, consejos, por muy disparatados que fuesen.

Fueron 14 años de intensa amistad. De trabajo. Codo con codo. Guardando las formas. Pero sin apenas notarse. Yo solo puedo hablar por mí. Cada cual que lo sienta al respective. Pero me siento orgulloso de tener un Óscar en amistad con el nuevo director general de la TDT de Castilla y León, Óscar Campillo Madrigal, el chaval de Próspero y Conchita.

Tu carro profesional no tiene aún arreglada la marcha atrás. Y volverás en tu despedida a tener que contar diez a cada frase que pronuncies, porque sé muy bien que habrás vuelto a repartir Óscar de amistad por toda la redacción de El Mundo de Castilla y León y de las ediciones provinciales de este periódico en la Comunidad Autónoma.

Pero también conozco de sobra las ganas, tu valía profesional para afrontar el reto que se te ha puesto por delante, para llevar a buen puerto esa especie de 'silencio, estamos en antena', o como coños se diga. A la hora e confeccionar esta columna está a punto de concluir el día San Francisco de Sales. Por ello, dentro de mi anticlericalismo endémico, he pedido, en un Pater Noster (sabes que me quedé anclado en los días preconciliares de Vaticano II), a nuestro Santo Patrón ayuda en tu nueva aventura periodística.

Recuerda que lo exotérico ha sido siempre mi punto débil. Por ello, he estado buscando hoy todo el día, entre mis archivos, aquel reportaje que hicimos al alimón en La Bañeza, a Emilia 'La Manca', un día cualquiera de 1984. Una bruja buena (conoces de sobra que no creo en ellas, pero haberlas, hailas), paisana mía que, en un momento de la conversión, te echo las cartas cuando solamente eras un corresponsal de Diario de León en Astorga y La Bañeza (yo le dije que no, que ya tenía medio camino andado de la existencia, no fuera a descubrirme cosas que no me interesaba conocer). ¿Te acuerdas, Óscar? La muy cabrona te acertó toda tu trayectoria profesional, a más de 20 años vista.

Sin embargo, no recuerdo que dijera nada de ser director general de la TDT de Castilla y León. A lo peor es que, como aún no estaba inventada, no pudo verla muy bien en las cartas del Tarot nuestra buena amiga Emilia. Pero con toda seguridad, 'La Manca', aquella bruja buena bañezana, que entre sus aficiones tenía la de tallar bustos del nazareno que creara Luís Salvador Carmona, hace más de 400 años y que se venera en esta ciudad, sabía de siete sobras que ibas a alcanzar ese cenit del periodismo audiovisual, a poco que hubiera barajado los cartones.

Suerte, amigo Óscar en tu nuevo peregrinar profesional. A mí, como he repetido en esta columna, ya la tengo desde hace más de 24 años, porque me ha tocado un Óscar en amistad: Tú, Campillo Madrigal.

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