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Tenía yo un compañero tan incrédulo que, cada vez que alguien estornudaba, en vez de exclamar ¡Jesús!, decía: «¡vale, vale…!» y arrugaba el morro como un mono de Gibraltar español, secuestrado y explotado por los piratas ingleses en plan paraíso fiscal. Un cuatro de noviembre, festividad de San Carlos Borromeo (borro y meo), patrón de catequistas, seminaristas y banqueros, invité a los colegas a un piscolabis y el de ¡vale, vale!, como tenía buen paladar, se encariñó de inmediato con el mencía Casar de Burbia Pago de Sapita, y se puso a confesar sus debilidades políticas. Escuchelo con bien educada atención, y “acordeime” de un amigo de Villafranca, Enrique, el filósofo, siempre con un “maldito libro” bajo el brazo y muchas ganas de incordiar. Cuando a los catorce años —pensé yo— alguien coge un empacho de Marx, puede que de mayor se le cure, pero siempre le quedarán secuelas (hay excepciones notables como José Antonio Balboa de Paz, que no es moco de pavo ni cagada de golondrina). Ahora, Enrique, parece ser que sólo es comunista a ratos, según le cuadre. A pesar de su fe (la fe siempre pesa, y mucho), de su fe ideológica claro, cada vez le cuesta más ver la lógica de su fidelidad; por eso es muy serio para sus cosas, tanto que sólo se ríe a “mandíbula corredera” cuando hace ejercicios ideológicos (espirituales nunca) y, poniéndose delante del espejo, se repite una y otra vez: «¡Soy comunista, soy comunista!, ¿ a qué sí?» Con esta terapia de la risa ¡cómo se rejuvenece y moderniza el muy cabrito…!
Estas tonterías que escribo, tan frívolas y superficiales, bien sabe Dios que son por amor al arte, tributo que tengo que pagar a la creatividad que, a veces, la muy loca, se me hace exigente; pero no hay ni puede haber en mi mala intención con los amigos, —que los tengo (sin exagerar)—, tan preocupados como andan por querer seguir siendo comunistas de postín, enfrentándose (sin crucifijo) al diablo del capitalismo neo-liberal (dicen), que les tienta y provoca cada vez con más fuerza y, como también son humanos, muchas veces se dejan querer…
Hay que procurar ser comprensivos y tolerantes, no levantar demasiada polvareda que manche y ciegue a los que nos siguen. Yo, sin ir más lejos, he leído a Carlos Marx, a José Antonio Moral Santín, a Enrique Prieto Tejeiro, a Germán Valcárcel (hermoso el río), y me he quedado tan Bouza como siempre… Recuerdo, eso sí, que cuando éramos chavales, en Villafranca, los de gafas no jugaban al fútbol, ni al marro, ni al burro, ni a la una anda la mula, ni a la billarda; no corrían, ni sudaban, no se bañaban en el Burbia y, en cierto modo, era lógico que a la primera de cambio se hicieran comunistas…
Acabo de enterarme (no sé para qué se entera uno) que en Canadá o algo así te ponen una multa que tiembla el orden económico-financiero mundial si te pillan orinando en lugar público. No lo entiendo ni lo quiero entender ni me hago cargo, de verdad. Yo he defendido siempre —y sigo— la libertad de meada, y pienso que el hombre que no mea a gusto, donde quiere, ni es hombre ni es nada: es mucho menos que un perro…, de cualquier raza. Protesto, airadamente, y recuerdo con nostálgico placer el muro de la Colegiata, que nunca lo fue de lamentaciones sino de alegrías y desahogos: contra él meamos todos. Bueno, todos no, pasaban los que la tenían pequeña, y los pre-comunistas, y los señoritos ricos que, a la hora de la verdad, todos vienen a ser lo mismo, aunque ahora digan: «Yo no meaba solidariamente e igualitariamente con vosotros para no asustaros ni acomplejaros con mi enormidad…» ¡Vaya igualdad del nabo…, si ya la naturaleza se empeña en distinguirnos y separarnos con estas cosas tan elementales y primarias que, a la larga, son definitivas… ¿o no?!
Si yo me hubiera dejado llevar por lo “amigos comunistas”, seguramente me hubieran vuelto tarumba dada mi sensibilidad social y su tenacidad a machamartillo, pero resistí, y así me va: soy pobre, ¡qué pobre soy!
De todos modos, ¡para qué darle más vueltas si el destino es libre! Cualquier mortal puede sentirse ufano, feliz y contento por comprender el sentido de la vida, hasta que, de repente ¡zas!, cuando lo tiene más claro, viene otra vez la duda, la contradicción y descubre que Jimmy Jiménez Arnau anuncia Revital, y se vende…, se vende Revital…, y ya no entiende nada. Para más escarnio, la señora Presidenta de la Diputación, ¡pobrecita!, tan trabajada anda, que ya no tiene tiempo para la “pelu”, ni las compras, ni un Casar de Burbia, ni un masaje, ni unos “Picotazos Liberales” de Bouza Pol…
Disculpemos a los “catedráticos progresistas” que tienen plaza en “propiedad”. Imaginémoslos esenciales, como esas sólidas piedras de la gran Muralla China que, mucho antes, sueltas y separadas, fueron utilizadas por el diablo capitalista Satanás para tentar a Jesús… ¡Con el pan de los pobres y de los hambrientos no se juegue, que esos 24000 parados menos en mayo, probablemente fueron los que no encontraron alimento suficiente en los cubos de basura, y se murieron de hambre y desesperación!
Un padrenuestro no se le niega a nadie.
