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La brava niña Isabel ("ten cuidado, con el amor y el pecado, niña Isabel, niña Isabel…", dice el cantar) sigue en sus trece de conseguir lo que se propone, aunque deje tras de si cadáveres políticos en las cunetas de la memoria histórica. Fui testigo expectante de los desaguisados que propició en cada una de las demarcaciones comarcales y locales que no eran muy afectas a sus perspectivas, allá por los primeros meses del 2007. Y el que se movió ni salió en la foto ni en la película. Y sino que se lo digan las gentes del PP de Astorga, La Bañeza, San Andrés del Rabanedo, León, Villaquilambre…
El resultado fue que las elecciones municipales y regionales las perdieron los peperos en la provincia y a punto estuvo de no conseguir la meta añorada de la presidencia de la Diputación, a poco que los rácanos socialistas leoneses hubieran trabajado un poco en varios de los ayuntamientos, que no quisieron ganar en el partido judicial de La Bañeza y otros de más allá.
Porque esa meta diputativa es la que se había fijado Isabel, una vez desbancó de la presidencia del PP provincial a Mario Amilivia, en diciembre del 2004, tras saber que no tenía nada que hacer en el gobierno de Juan Vicente Herrera en Castilla y León, ni de presidir la candidatura al Ayuntamiento de León. Hubo de recalar en el Consistorio de Cuadros para tener alguna opción a ser diputada, pero eso para ella era lo de menos.
Su elección como presidenta del PP leonés estuvo cuajada de movimientos soterrados, rodeándose de conspiradores que sabían que su sopa boba peligraba. Una sopa boba añeja, ya de años y años apoltronados en sillas oficiales. Conspiraciones de baja y alta tensión, como la mejor repetición de aquel Pacto de la Mantecada, protagonizado en 1988 en Astorga por el hoy presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero.
Aquella tarde, en el Hotel Gaudí de la capital maragata, Zapatero y un grupo de conspiradores dieron al traste con lo acordado aquella misma mañana en Ponferrada, que la mayoría había apostado por el entonces alcalde en un municipio de los Oteros, Pedro Vizcay. Me considero el padre (o la madre) de este título mantequero, juntamente con el que era director de La Crónica de León, Óscar Campillo, ya que, casi por casualidad, había descubierto el contubernio zapateril.
Sin embargo, Astorga (y sus circunstancias) no es buen emblema para contubernios, para conspiraciones. Está gafada, maldita. Hay que constatar que José Luís Rodríguez Zapatero no volvió a ganar ni una sola de las elecciones a las que se ha presentado como cabeza de cartel. Zapatero perdió la hegemonía del PSOE en León y su techo de logros se quedó en tan solo dos diputados nacionales y un senador, No logró ni una sola vez poner en la Alcaldía de León a su elegido encabezando la candidatura (salvo un doloroso Pacto Cívico con UCD y PP, contra Morano). Y sigue en esas trece, ahora como secretario general, ya que, ni por el forro, se ha acercado en la candidatura de Madrid del PP de Mariano Rajoy. Aunque ha ganado las elecciones en el cómputo de todo el país. En León, ahora sí gana el PSOE, pero con José Antonio Alonso de número uno. Un juez, un magistrado que no conocían ni por el forro la mayor parte de los leoneses, pero ahí están los resultados. Toma ya.
No, Astorga y sus circunstancias no es buena sede de conspiraciones. Hay gafe en el ambiente. Allí empezó el terraplén, el precipicio por el que está precipitándose la UPL, tras su congreso de hace unos años. Divisiones por todos los flancos, Rodríguez de Francisco funda un nuevo partido leonesista y queda fuera de cualquier administración. A la vez que Otero y Castresana han inventado in cisma sin vuelta atrás para seguir desmoronando la UPL en caída libre. No, Astorga no es buen sitio para conspiraciones, para contubernios. Por eso, Isabel Carrasco no desarrolló sus movidas en la ciudad bimilenaria. Pero…
Pero, así y todo, algo de mantecada (aunque solo sea el papel en el que se envuelve y del que hay que arrancarla a dentelladas) ha quedado en su subida a la presidencia del PP provincial en diciembre del 2004. Porque, de momento, no ha ganado ni una elección.
Y, a fe, que hubo ya movimientos en el PP provincial para descabezar a la presidenta del PP en León. Claro que hubo ruido de sables y de gaitas. Pero Juan Vicente Herrera no quiere saber nada de pedir responsabilidades de sus resultados a la doña. ¡Quiá! No vaya a ser que tenga que darle un puesto (o puestito) en Valladolid. Por eso, es mejor tener cerca al Sonrisitas de Silván que no el comecome de la Carrasco. Aunque su contubernio de mantecada solo sea virtual. Como la vida misma. ¡Oiga!.
