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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Ya se van los quintos/as, madre (de rositas)
A partir del 31 de diciembre del 2001, ya no fue ni dios obligado a la mili...
24/09/2009
CON VENTANAS A LA CALLE
...Un gobierno de derechas, presidido por el presidente estañador y paragüero José María Aznar, fue el encargado de firmar el decreto. A partir de entonces, todos los soldados son voluntarios, cobrando una paga íntegra, más o menos digna, y no las ‘sobras’ como cobramos los que la hicimos en los primeros años de la década de los 60 del pasado siglo. O sea, quince pesetas al mes (ni para pipas).

Pues bien, desde ese año sin mili obligatoria, los quintos y quintas de mi pueblo, La Bañeza, al cumplir los 18 abriles, se unen en camaradería para pasar un fin de semana ‘botando el gorro’ (es un decir) y cogiendo una melopea etílica de no te menees. Que bien, que no pasa nada, que tomos fuimos quintos (obligatorios, oiga), que la cogorza, más o menos, también quedó archivada para inventario en su día. Y no pasó nada. Y ahora tampoco debía pasar.

Pero, ay salao, en poniéndose ciegos de sustancias alcohólicas, los niños/quintos y niñas/quintas bañezanos/as empiezan a poner sus firmas en las paredes de toda la ciudad, para dejar su impronta de rebuznos (los quintos obligados de antes teníamos durante aquel fin de semana casi siempre un burro por mascota, que también iba fino de vino y cubalibres, qué bestias también, oye), intentando emular a los artistas grafiteros. Pero con el agravante de que sus dibujos apenas pasan de una ‘Q’ y la quinta correspondiente, que persisten en muchas de las paredes bañezanas.

Y no pasa nada, oiga. Los que ahora ejercemos de ‘cereros’ (acera arriba, acera abajo), por nuestra condición de andarines en la jubilación, descubrimos cada año esas pintadas estúpidas, llenas de nombres (se supone que de quintos o quintas), con las firmas de Q-02, Q-03, Q-04, Q-05, Q-06, Q-07, Q-08 o Q-09, que son las últimas pintadas del 2009.

Bueno, lo del botellón instituido con la excusa de la celebración de los quintos/as está muy bien. No pasa nada. Aunque ya no tiene razón de ser, sino es por una especie de jornada de iniciación a la mayoría de edad y al toqueteo. Pero yo creo que se pasan cuatro o seis pueblos cada año estos niños con sus firmas grafiteras.

Porque antes, en aquellas mañanas de domingo, en las que nos tallaban a los mozos, con 21 años cumplidos, convirtiéndonos en reclutas por imperativo legal, era más que una excusa para coger una cogorza el día anterior y recorrer las calles con botijos y escobas, botando un gorro de la guerra de África que habías agenciado en algunos desvanes, como las mejores enseñas de lo que iban a ser después los mosquetones y cemmes y las bombas de mano atadas al correaje.

Y junto al tallaje para ver si dabas la talla de altura y la anchura de pecho (sólo hombres en aquel entonces), venía después el sorteo para ver si tenías la suerte de quedar en la península o te tocaba para Ceuta o Melilla o más allá, en el Aayyuun, en el desierto de Sahara. Por eso, los sábados por la tarde, con la endroga bien cargada de brebaje etílico, cantábamos aquello de:  “Mañana por la mañana, / ¿quién sabrá la suerte mía? / Me sortean en el pueblo / me toca para Melilla. / Me tocará para Ceuta, / me tocará para el Sahara. / Me sortean en el pueblo / ¿Qué suerte tendré mañana?”.

La excusa para una borrachera tenía entonces su dequé, si es que hay alguna excusa válida para coger una meolopea. Y es que el domingo, cuando sabías el resultado del sorteo del reclutamiento, a más de uno se le ponía la cara de color amarillo, cuando el destino era para África. Y otros, con más suerte, acompañados de sus novias, cantábamos aquello de: “Ya se van los quintos, madre, / y se llevan a mi hermano. / Ya no tengo a quien llevarle / los pañuelos de la mano”.

Qué bonito, oye. Y además, teníamos por delante 15 o 20 meses de mili en un cuartel, en el que al entrar dejábamos colgados nuestros atributos genitales, para que ningún sargento chusquero pudiera darnos una patada en los susodichos, que los dejaran cariacontecidos, por aquello de la férrea disciplina militar. Llenábamos los petates de nuestra memoria de mil anécdotas que, ahora, cuando llegas a esta edad provecta de la jubilación, puedes descargarlas, a poco que los nietos o las nietas te hagan un poco de caso, como si fueran cuentos de Maríafurmiento.

Que sí, que está muy bien que siga en auge esta tradición de quintos y quintas, aunque no tenga razón de ser, a Dios gracias. Pero que los niños/as dejen en paz las paredes con sus spays de los cojones, que tienen La Bañeza hecha una mierda. Y ya muchos le cantamos lo de: Ya se van de rositas los quintos y quintas, madre. Porque la autoridad competente (municipal en este caso) no pone freno ni aplica la normativa que dice que el que rompe, paga, con los chicos y chicas o con sus padres. Vamos, digo yo.
 

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