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Después escuché al cura decir no sé qué de que el vino era la sangre de Cristo y ya fue la hostia, nunca mejor dicho, porque juro que en ese mismo instante estuve a punto de abrazar la fe con tanta fuerza como para que se le salieran los ojos. Hoy, ya más sereno (menos bebido), diré que sólo aspiro a ser un buen cristiano; ¡qué cojones!, el mejor cristiano (Cristiano Ronaldo).
Bueno, no te digo más que, si en vez de obleas de ésas que se pegan al paladar como un engrudo repugnante, dieran una rayita de cualquier cosa, mi devoción ya rozaría el éxtasis (‘éxta-sis’, ésta no, ésta me gusta me la esnifo yo), como ya lo rozara Santa Teresa de Hachís (Jesús), cuyo ‘Libro de la Vida’ le regaló Zapatero en persona a la recién liberada Ingrid Betancourt. No obstante, me parece una burla macabrona regalarle a una persona secuestrada durante mogollón de años un libro autobiográfico de una monja de clausura. Y mira que a mí Santa Teresa me mola un huevo: qué versos tan bonitos ésos de “Vivo sin vivir en mí / y tal desconsuelo siento,/ que si no jodo reviento” (o algo así, es que cito de memoria).
Para acabar con el asunto de la boda, diré que el cura se extendió en el sermón más de lo tolerable y andaban por ello las monjas (las dueñas) mosqueadísimas. De hecho, parecían un equipo de fútbol americano dispuesto a cargar contra los asistentes para echarlos de allí a la fuerza. Fue entonces cuando comprendí la verdadera función de la verja que separa la iglesia de la clausura.
Así que me pasé parte de las vacaciones bajo los efluvios alcohólicos de la boda y cuando volví a la civilización contemplé horrorizado que todo sigue igual: la crisis avanza rauda y los sodomizados van a ser los de siempre. Un ejemplo: Una cosa llamada Martinsa-Fadesa está en manos de unos presuntos delincuentes que le meten un pufo de la rehostia puta al personal. En tal circunstancia, ¿cómo se soluciona el fraude?, echando a la puta calle a los curritos, que no tienen culpa de nada. Martinsa es una inmobiliaria, pero el caso es paradigmático y el nombre bien puede sustituirse por el de una compañía aérea, por el de un periódico o por el de una casa de putas; tanto da.
Tengo que decir que normalmente siempre hablan los que más tienen que callar. Un ejemplo y me callo: leo en una revista de ámbito regional que “si le pegas una patada al diccionario por la que un escolar se pasaría el tórrido verano con profesor particular, puedes ser ministra de igualdad”, o director general de un medio de comunicación, añado yo, porque quien esto escribe no sólo abunda en aterradores lugares comunes, sino que también comete frecuentes y pavorosas faltas de ortografía. Por si fuera poco, a día de 13 de julio el remedo de columnista aún firmaba bajo el abrigo del cargo que ya no ostenta o, mejor dicho, que ya no detenta, sin que a nadie parezca importarle.
PD. Los del Musac siguen vengándose de mí invitándome a todas sus inauguraciones. No sé si podré soportarlo o acabaré arrojando la toalla y sucumbiendo a tanto horror y tanto fraude, que el Musac ya me parece como Martinsa-Fadesa (Musacsa).
